A través de un recorrido histórico sobre la evolución de los enfrentamientos bélicos —desde los combates en línea recta hasta las contiendas de desgaste y guerrilla—, el conferencista enfatizó que el escenario bélico contemporáneo ha abandonado los frentes geográficos para trasladarse al terreno de la mente, la percepción de la realidad y la manipulación de la conciencia colectiva.
En este nuevo contexto, advirtió que el control de la información y la siembra sistemática de la duda operan como los instrumentos más eficaces para someter a un pueblo sin necesidad de disparar un solo proyectil.
EJES FUNDAMENTALES DEL DISCURSO
Terrorismo semántico y la captura del lenguaje: Griffith denunció la existencia de una estrategia planificada de «infección y anestesia semántica» destinada a vaciar, desplazar e invertir el significado de vocablos esenciales como «libertad», «justicia», «equidad», «derechos», «varón» y «mujer».
Argumentó que esta distorsión del diccionario busca invalidar la capacidad de razonamiento de la población, generando una crisis cognitiva donde las personas pierden la noción de los marcos de referencia morales y científicos originarios. Al no poder nombrar con claridad la realidad, las sociedades quedan expuestas a una hegemonía cultural absoluta y a la aceptación pasiva del dogma oficial.
Injerencia de agendas globales y pérdida de soberanía: El expositor cuestionó con severidad instrumentos internacionales como la Agenda 2030 y su trasposición local en el Plan Nacional de Desarrollo 2050.
Calificó a estos marcos de acción como «puertas abiertas» a la penetración de un estatismo insostenible y de políticas de Diversidad, Equidad e Inclusión (DEI) que, a su juicio, constituyen los mismos disolventes culturales que hoy precipitan el colapso de las naciones europeas.
Asimismo, objetó la ausencia en dichos planes de garantías explícitas sobre derechos fundamentales como la libertad de culto, la libertad de expresión, la protección de la propiedad privada y la tutela del derecho a la vida.
Infiltración ideológica en la educación y la salud pública: Analizando programas educativos recientes como «Noviazgo sin violencia», contrapuso los postulados de la ciencia biológica y genética sobre la violencia —asociados a factores ambientales, salud mental y disfunciones familiares— con enfoques que atribuyen el problema de manera exclusiva a estructuras sociales abstractas como el patriarcado o los roles de género.
Asimismo, lamentó la erosión de la cultura del mérito en el sistema de enseñanza, señalando que la adopción acrítica del laicismo secularizante ha transformado a las escuelas en meras «guarderías», alejadas de la búsqueda de la verdad.
Colapso demográfico y crisis de sentido: Alertó sobre el descenso de las tasas de natalidad en el Paraguay por debajo del nivel de reemplazo poblacional, calificándolo como un síntoma directo de una crisis ontológica y de la pérdida de propósito civilizatorio.
Explicó que la falta de nacimientos deriva indefectiblemente en crisis de sostenibilidad económica, laboral y previsional, producto de un proceso de secularización donde el individuo rechaza la noción de sacrificio por un bien trascendente.
El mandato histórico y el deber de la dirigencia: Refiriéndose al legado histórico del país, evocó la postura del Dr. José Gaspar Rodríguez de Francia en 1810 al proclamar la absoluta independencia del Paraguay frente a España y Buenos Aires, así como la abnegación del coronel Julio Dionisio Otaño durante la Guerra del Chaco.
Griffith concluyó que la contienda actual representa una «guerra espiritual» que se libra en el escenario de la cultura, demandando de los gobernantes, ministros y ciudadanos una postura de firmeza patriótica, sin ambigüedades ni complacencias ante presiones externas, para salvaguardar la emancipación y la soberanía de la República.














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