El destino quiso que la historia del astro del Santos cerrara su círculo perfecto en el mismo territorio donde comenzó a escribirse dieciséis años atrás. Fue precisamente en el estado de Nueva Jersey donde un joven y espigado delantero debutó en las redes internacionales anotando en un compromiso amistoso ante Estados Unidos que daba inicio a la etapa de Mano Menezes. Esta tarde de domingo, en el mismo escenario geográfico, el destino le otorgó su última conquista desde el punto penal, cerrando una trayectoria que lo encumbra en las páginas doradas del balompié mundial.
Las estadísticas finales exponen la magnitud del legado que deja el futbolista de 34 años tras haber disputado cuatro citas ecuménicas. Neymar se despide de la escuadra nacional registrando una marca de 80 goles en 130 partidos oficiales, una cifra histórica que lo sitúa como el máximo artillero de la selección brasileña en compromisos de carácter oficial, superando los 77 goles que ostentaba el legendario Pelé. No obstante, en los registros globales que contabilizan los cotejos informales de la época, O Rei mantiene el liderato con 95 celebraciones, además de portar la chapa inalcanzable de sus tres coronas del mundo.
De la gloria olímpica a las lesiones en las grandes citas
La trayectoria de Neymar con la indumentaria lusa combinó picos de magia absoluta con la fatalidad de las lesiones en los momentos cumbre. El punto más elevado de su capitanía se gestó en los Juegos Olímpicos de Río 2016, cuando asumió la responsabilidad de guiar al equipo hacia la conquista de la primera medalla de oro de su historia en el Estadio Maracaná, definiendo la tanda de penales frente a Alemania. Asimismo, portando el dorsal diez, se erigió como la figura excluyente en la obtención de la Copa Confederaciones 2013, donde desmantelaron a la entonces campeona mundial España.
Sin embargo, el gran anhelo de la Copa del Mundo le resultó esquivo y doloroso. En el Mundial de Brasil 2014, cuando portaba las ilusiones de todo un país, una severa infracción en los cuartos de final ante Colombia lo marginó de las semifinales, teniendo que presenciar la histórica debacle de su equipo desde el hospital. Posteriormente, los problemas físicos condicionaron su rendimiento en Rusia 2018 y Catar 2022, donde la escuadra sudamericana tropezó en la instancia de cuartos de final ante Bélgica y Croacia de manera sucesiva.
Un adiós condicionado por el físico
El presente torneo del 2026 expuso la faceta más sacrificada del atacante, quien llegó a la convocatoria comandada por Carlo Ancelotti con lo justo en el plano físico y rodeado de interrogantes que solo se disiparon ante la enorme presión de la afición brasileña. Su rol en esta Copa del Mundo fue marcadamente secundario, acumulando apenas 55 minutos en cancha a lo largo de dos apariciones ingresando desde el banco de suplentes.
Consciente de que el tiempo y las respuestas corporales han alcanzado su límite, el futbolista cerró su intervención afirmando que dio absolutamente todo por la causa nacional, asumiendo con madurez que el viaje ha terminado en el mismo sitio donde nació su leyenda. La partida de Neymar deja a Brasil desprovista de su último gran eslabón de fantasía y alegría dentro de la cancha, forzando a la federación a iniciar una obligatoria reestructuración de cara a los desafíos futuros sin la presencia de su máximo referente contemporáneo.















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