Celebrar una victoria ante Alemania es válido, pero gobernar a base de impulsos en redes sociales no lo es. Al emitir un decreto de forma tan intempestiva, el Poder Ejecutivo dejó paralizado a un país entero sin previo aviso, demostrando una total desconexión con la realidad de la calle. Como cronistas de la realidad nacional, es imperativo señalar el impacto real de esta medida:
La asfixia del cierre de mes: Dictar un feriado en una fecha clave frena en seco el clearing bancario, la liquidación de salarios y los compromisos comerciales de miles de empresas que hoy se ven imposibilitadas de cumplir con sus obligaciones en fecha.
El castigo al cuentapropista: Para el sector informal, los jornaleros y los trabajadores independientes, un día sin trabajar no es un día de descanso; es un día sin ingresos. En un contexto donde muchos hacen malabares para llegar a fin de mes, este feriado es un lujo que no se pueden permitir.
La improvisación como política: Si el Gobierno consideraba que el logro deportivo ameritaba un receso, la mínima responsabilidad exigía establecer un escenario previsible (anunciando con antelación que, de darse el resultado, se aplicaría la medida). Avisar a última hora de la noche es una falta de respeto a la planificación ciudadana.
El patriotismo no se mide por la cantidad de feriados decretados a golpe de tuit, sino por el respeto a las reglas de juego y la previsibilidad que se le otorga a quienes sostienen la economía del país.
Paraguay necesita celebrar sus triunfos, pero también necesita líderes que entiendan que el desarrollo se logra trabajando, no improvisando. El país no puede quedar a merced de la espontaneidad presidencial de las 8:30 de la noche.















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