Si bien comenzó reconociendo la satisfacción que representó la firma del acuerdo comercial entre el MERCOSUR y la Unión Europea, Peña admitió que Paraguay quedó con un «sabor amargo» respecto a la forma en que se pretende implementar dicho entendimiento, al considerar que el espíritu de integración se debilitó apenas concluyeron las negociaciones.
«Por momentos sentí que Paraguay puso su firma para que todos los países ganáramos, pero apenas firmamos el acuerdo nos empezamos a percatar de que la unidad no era tan fuerte», expresó.
El mandatario recordó que Paraguay acompañó la aprobación del acuerdo porque cree en el proyecto integracionista y no para que, una vez alcanzado el consenso, los intereses de los países más grandes terminaran imponiéndose sobre los de las economías menores.
«NO ES UN CAPRICHO, ES UNA CUESTIÓN DE JUSTICIA»
Uno de los puntos centrales de su intervención fue la defensa de la postura paraguaya sobre la distribución de las cuotas comerciales derivadas del acuerdo con Europa, tema en el que el país ha mantenido una posición firme.
Ante las críticas que califican de «inflexible» la postura paraguaya, Peña respondió que el reclamo no responde a un interés particular ni a una estrategia de presión. «Esto no es un capricho. Esto es una cuestión de justicia», afirmó, citando al filósofo político John Rawls al señalar que «la justicia es la primera virtud de las instituciones».
A partir de esa premisa sostuvo que el mismo principio debe regir el funcionamiento del MERCOSUR. «Hoy es Paraguay, mañana será Bolivia y luego podrá ser cualquier otro Estado miembro. Un MERCOSUR sin justicia es cualquier cosa, menos un bloque fraterno de integración», advirtió.
LAS ASIMETRÍAS SIGUEN VIGENTES
El presidente remarcó que las desigualdades estructurales reconocidas desde la creación del MERCOSUR en 1991 continúan existiendo y siguen afectando especialmente a Paraguay.
Recordó que el tratado fundacional reconocía las diferencias entre las grandes economías del bloque, como Brasil y Argentina, y los países de menor dimensión económica, como Paraguay y Uruguay.
Sin embargo, sostuvo que esas condiciones nunca fueron corregidas de manera efectiva. Peña enfatizó que Paraguay enfrenta una desventaja permanente por ser un país mediterráneo, sin salida al mar, situación que incrementa considerablemente sus costos logísticos. «Cada contenedor que sale del Paraguay carga con cientos de kilómetros y con un sobrecosto que el resto no paga. Esa es la asimetría que reconocemos», sostuvo.
Por ello insistió en que la discusión sobre las cuotas comerciales no implica reclamar beneficios extraordinarios, sino compensar desigualdades objetivas que limitan la competitividad paraguaya.
En uno de los pasajes más contundentes del discurso, Peña afirmó que ya no se trata únicamente de un deseo político, sino de una exigencia como jefe de Estado. «Como ciudadano común quiero, deseo, sueño, pero principalmente como presidente del Paraguay exijo un MERCOSUR justo», declaró.
El mandatario cuestionó además el verdadero alcance del acuerdo con la Unión Europea si este termina consolidando las mismas diferencias existentes entre los socios.
«¿Para qué negociamos con Europa si el acceso a nuevos mercados no ha de servir para desarrollar lo que aún no está desarrollado? ¿Para qué sirve un acuerdo de libre comercio que reproduce las asimetrías que ya existen en lugar de corregirlas?», preguntó.
En ese sentido insistió en que Paraguay no reclama privilegios, sino equidad para competir en igualdad de condiciones.
«PARAGUAY SIGUE CORRIENDO DESDE ATRÁS»
Aunque reconoció que Paraguay registra actualmente uno de los mayores niveles de crecimiento económico de la región, Peña sostuvo que esa realidad no elimina las desventajas históricas que enfrenta el país. «Paraguay es la economía que más crece. Pero estamos corriendo desde atrás la carrera del desarrollo», afirmó.
Recordó que durante décadas el país sufrió decisiones regionales que limitaron su desarrollo y aseguró que hoy atraviesa un proceso de industrialización que las economías más grandes del bloque vivieron hace tres décadas. «No pedimos ventajas; pedimos el espacio para desarrollarnos, el mismo que ustedes tuvieron en su momento», enfatizó.
CRÍTICA AL ESPÍRITU DE INTEGRACIÓN
El mandatario también cuestionó lo que considera una contradicción dentro del bloque. Recordó que Paraguay mostró flexibilidad durante las negociaciones con Europa e incluso aceptó posiciones heredadas de administraciones anteriores para facilitar la firma del acuerdo.
Sin embargo, lamentó que esa actitud no encuentre reciprocidad cuando el país plantea la necesidad de corregir las asimetrías. «Me dicen que la posición paraguaya es inflexible. Yo les devuelvo la pregunta: ¿Dónde quedó el espíritu de integración? ¿Dónde quedó la solidaridad? ¿Dónde está la justicia?», expresó.
Incluso citó al presidente brasileño Luiz Inácio Lula da Silva como ejemplo de una visión de justicia social que protege a los países más pequeños frente al peso de las economías mayores.
«EL MERCOSUR DEBE SER JUSTO HACIA ADENTRO»
Peña advirtió que la credibilidad internacional del bloque dependerá primero de su capacidad para resolver sus propias desigualdades internas. «Si el MERCOSUR quiere ser creíble hacia afuera, primero debe ser justo hacia adentro», sostuvo.
Afirmó que la discusión actual trasciende el reparto de cuotas comerciales y define el tipo de integración que heredarán las próximas generaciones. «¿Queremos un MERCOSUR donde el fuerte pisotea al débil? ¿O uno reconocido por la generosidad de la integración?», planteó.
Finalmente, recurrió al pensamiento del expresidente paraguayo Manuel Gondra para resumir el espíritu de su reclamo. Recordó la frase según la cual «no pudiendo hacer que el justo sea siempre fuerte, debemos empeñarnos porque el fuerte sea siempre justo», y concluyó que hoy «la cancha no está nivelada para todos por igual», porque los países del bloque no cuentan con el mismo mercado, la misma estructura industrial ni las mismas condiciones logísticas.















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