Mientras millones de personas siguen con emoción cada partido del Mundial, varias iglesias en Estados Unidos decidieron aprovechar este acontecimiento para compartir un mensaje que, según afirman, puede transformar vidas: el Evangelio de Jesucristo.

En la ciudad de Seattle, donde miles de aficionados llegaron para asistir a los encuentros disputados en el estadio Lumen Field, diferentes congregaciones dejaron por un momento las actividades habituales dentro de sus templos y salieron al encuentro de las personas con un propósito claro: servir, escuchar y llevar esperanza.
La iniciativa contó con el respaldo de la organización cristiana CRU (Campus Crusade for Christ), que explicó que todo comenzó con un tiempo de oración entre varias iglesias. Con el paso de los días, esa idea fue creciendo hasta convertirse en un esfuerzo conjunto que reunió a cientos de voluntarios comprometidos con compartir su fe.
Durante las jornadas realizadas en los alrededores del estadio, los voluntarios entregaron más de 5.000 folletos con mensajes de esperanza, distribuyeron botellas de agua y ofrecieron oración tanto a los aficionados como a trabajadores y miembros del personal de seguridad. Más allá de entregar materiales, el objetivo fue conversar con las personas, escuchar sus historias y recordarles que Dios se interesa por cada una de sus vidas.
La labor también se extendió a las iglesias. Grace Community abrió sus puertas para recibir a más de 200 personas que disfrutaron juntas de un partido del Mundial en un ambiente de convivencia.
Al finalizar el primer tiempo, el pastor y exfutbolista profesional Jesse Bradley compartió su testimonio personal, relatando cómo su encuentro con Jesús cambió el rumbo de su vida. Su mensaje invitó a los presentes a reflexionar sobre la fe y a descubrir la esperanza que, según expresó, solo puede encontrarse en Cristo.
Para estas congregaciones, el Mundial representa mucho más que una competencia deportiva. Es una oportunidad única para demostrar el amor de Dios con acciones concretas y recordar que, aun en medio de la pasión por el fútbol, siempre hay espacio para hablar de esperanza, fe y salvación.















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