«Yo realmente no sé de dónde sacan la referencia para hacer los índices del rubro frutihortícola», cuestionó la representante desde el Mercado Central de Abasto, basándose en las listas de precios oficiales del propio MAG del 6 de julio.
El tomate, considerado el producto estrella de la canasta básica, se convirtió en el principal foco de conflicto. Según Leguizamón, hace tres semanas la caja de tomates alcanzó un pico de G. 260.000, y actualmente ronda los G. 210.000, una cifra que el propio ministro de Agricultura catalogó como «altísima».
Pese a la promesa oficial de liberar las licencias de importación de forma automática una vez que la caja superara la barrera de los G. 220.000 para forzar una baja de precios, el Gobierno mantiene las restricciones (AFIDI) bajo la premisa de proteger un supuesto abastecimiento nacional. En las góndolas de los supermercados, el kilo de tomate se cotiza actualmente entre G. 17.500 y G. 17.900, lejos del precio máximo de G. 10.000 que tolera el consumidor común.
MONOPOLIOS Y DISTORSIONES EN OTROS PRODUCTOS
La problemática se extiende a otros alimentos esenciales que presionan fuertemente el presupuesto de los ciudadanos:
Papa: Sufrió un fuerte incremento en la última semana, pasando de G. 70.000 a G. 100.000 y G. 105.000 por bolsa.
Locote verde: Registra precios elevados debido a severas restricciones de importación bajo el argumento de que existe suficiente stock local, lo que reduce la oferta real.
Naranja: Los importadores denuncian la existencia de un monopolio de facto por parte de una sola firma local. La bolsa de 100 unidades cotiza entre G. 80.000 y G. 100.000.
Manzana: Al ser un producto 100% importado, su encarecimiento en origen elevó el precio de G. 13.000 a G. 22.000 el kilo en comparación al año pasado.
CRÍTICAS AL SISTEMA Y CONTRABANDO
Leguizamón lamentó la inoperancia de instituciones clave como la Comisión Nacional de la Competencia (CONACOM), presidida por Eduardo Barros, y la Secretaría de Defensa del Consumidor (SEDECO). «Las denuncias tardan tres meses en dar un resultado, para entonces el tomate ya se pudrió, los precios subieron y bajaron, y el consumidor ya pagó el golpe», fustigó.
La falta de liberación formal de las importaciones fomenta un círculo vicioso: encarece el producto legal y ensancha el margen de ganancia para el contrabando, el cual se comercializa de forma abierta en las principales avenidas ante la vista gorda de las autoridades encargadas del control.
Con el reciente reajuste del salario mínimo, el sector proyecta una presión inflacionaria aún mayor para los meses de julio y agosto, acentuada por factores climáticos como las heladas, dejando al consumidor desprotegido en un sistema que los gremios califican de «estructuralmente corrompido».















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