Tras el histórico pitazo final en territorio argentino, el director técnico paraguayo Jorge González Frutos compareció ante los medios de comunicación en conferencia de prensa. Con las pulsaciones aún elevadas pero manteniendo la cordura y sencillez que caracterizan a su grupo, el estratega desglosó el trasfondo táctico, psicológico y emocional de una hazaña que ya recorre el continente.
Uno de los puntos más altos ponderados por González Frutos fue la preparación mental de sus futbolistas para no dejarse absorber por el imponente marco del Pedro Bidegain. El DT reveló que el grupo asimiló las presiones de manera inversa, trasladándole toda la responsabilidad de proponer al gigante azulgrana.
«Sabíamos que veníamos a la cancha de un grande del continente. Nos tocaron rivales de enorme jerarquía como Santos y San Lorenzo, sumado a un Deportivo Cuenca en franca construcción. Estábamos ante un escenario donde teníamos todo para perder y nada que perder, pero si ganábamos el premio era este. Al final, somos nosotros los que terminamos clasificando en el primer lugar», analizó el adiestrador.
En el plano estrictamente estratégico, González explicó las determinaciones quirúrgicas que tomó en el entretiempo para sostener la ventaja y evitar contratiempos reglamentarios: «Tratamos de optimizar las energías en el tramo final. En el entretiempo nos vimos obligados a realizar variantes por lesiones y también para cuidar a Juan Alexander Franco, que es un jugador muy intenso y ya arrastraba una tarjeta amarilla; no podíamos arriesgarnos a quedar en inferioridad numérica. Cuidamos cada detalle, cerramos las líneas y tuvimos transiciones para ampliar, pero la felicidad es total».
Lejos de encandilarse por las luces del éxito, el conductor técnico del Canario recordó las raíces y la esencia humilde de la institución del barrio de Santísima Trinidad, comparando el planteamiento en Buenos Aires con el partido perfecto que ya habían ejecutado previamente en Vila Belmiro ante el Santos.
«Esto se explica únicamente con trabajo y humildad. Diseñamos un plan muy similar al que nos dio réditos en Brasil frente a Santos. Somos un club humilde, de un barrio contiguo a un cementerio, que edifica su propia historia paso a paso. Hoy el continente habla de Recoleta porque creímos en la capacidad del plantel y demostramos que tenemos un grupo muy amplio y comprometido», remarcó con orgullo.
Finalmente, el entrenador se mostró profundamente conmovido al describir la atmósfera que se vivió en la intimidad del búnker paraguayo tras consumarse el boleto directo a los octavos de final, extendiendo su gratitud a la colectividad de compatriotas residentes en Argentina que se hizo sentir en las gradas.
«Ver llorar de alegría a estos muchachos en el vestuario es una satisfacción inigualable. El grupo todavía no asimila la verdadera magnitud de lo que acaba de conquistar. En medio de los festejos afloraron los recuerdos de las familias, de los seres queridos que ya no están físicamente y de los que alientan a la distancia. También nos fortaleció el apoyo de los compatriotas que viven aquí y se acercaron al estadio. Rompimos los pronósticos trabajando la parte cognitiva y hoy el fútbol premia ese esfuerzo», sentenció el estratega de la histórica escuadra funebrera.















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