Papúa Nueva Guinea dio un paso que ya está generando debate a nivel internacional. En el marco de los 50 años de su independencia, el país decidió modificar su Constitución para reconocer a Dios Padre, a Jesucristo y al Espíritu Santo como base de su identidad nacional.
La iniciativa fue promovida por el primer ministro James Marape y busca reflejar una realidad profundamente arraigada en la sociedad, donde más del 90% de la población se declara cristiana. No se trata solo de una declaración formal, sino de un intento por plasmar en lo institucional una fe que ya forma parte del día a día de millones de personas.
A lo largo de los años, la Iglesia ha tenido un rol clave en el desarrollo del país, especialmente en áreas como la educación, la salud y el apoyo a comunidades alejadas, donde muchas veces la presencia del Estado es limitada.
Sin embargo, esta decisión también abre una reflexión más profunda: el verdadero desafío no está únicamente en lo que se escribe en una Constitución, sino en cómo esos valores se viven y se practican en la vida cotidiana.














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