Este micronutriente resulta fundamental para el correcto funcionamiento de la glándula tiroides y el desarrollo físico y cognitivo infantil, previniendo afecciones graves como el bocio.
Para asegurar su aporte adecuado, el MSPBS —mediante el Programa Nacional de Control y Prevención de los Desórdenes por Deficiencia de Yodo (DDY)— realiza monitoreos constantes a las empresas elaboradoras, garantizando que el producto comercializado cumpla con las concentraciones de yodo exigidas por ley.
Las autoridades sanitarias instan a la ciudadanía a verificar que los paquetes de sal cuenten explícitamente con la denominación «SAL YODADA» y sus registros sanitarios vigentes (R.S.P.A. y R.E.).
Asimismo, alineándose a las recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud (OMS), recuerdan la importancia de moderar el consumo a menos de 5 gramos diarios (una cucharadita), suficiente para obtener sus beneficios protectores sin comprometer la salud cardiovascular.
- Bocio: Es el agrandamiento o inflamación de la glándula tiroides en el cuello, ya que esta se expande al intentar captar más yodo.
- Hipotiroidismo: El cuerpo no genera suficientes hormonas, lo que reduce la actividad del metabolismo.
- Fatiga y debilidad: Sensación constante de cansancio y falta de energía.
- Aumento de peso: Se sube de peso de forma inesperada porque el cuerpo quema menos calorías.
- Intolerancia al frío: Sensación de frío inusual en comparación con los demás.
- Cambios en la piel y el cabello: Piel seca, descamada y caída de cabello.
- Dificultades cognitivas: Problemas de memoria, concentración y aprendizaje.
- Problemas en el embarazo y desarrollo: Puede causar retraso en el crecimiento y daños neurológicos o intelectuales severos en los niños (como el cretinismo).














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