La evaluación, realizada por la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) a estudiantes de 15 años, incluyó en esta edición a unos 760.000 alumnos de 91 países y territorios. A nivel mundial, el estudio registró el promedio de rendimiento más bajo de toda la serie, con retrocesos particularmente marcados en lectura y matemática.
Pero en Paraguay las cifras adquieren una dimensión todavía más preocupante.
De los 6.510 estudiantes de 293 instituciones educativas que participaron de la evaluación, apenas el 24% alcanzó el nivel básico de competencia en lectura, frente al promedio internacional de 69%. En matemática, la proporción cae a solo 10%, frente al 64% internacional, mientras que en ciencias llega al 24%, frente al 74%.
En solución de problemas computacionales, apenas el 14% de los estudiantes paraguayos superó el nivel base de competencia, contra un promedio internacional del 64%.
El dato que más debería llamar la atención es que prácticamente ningún estudiante paraguayo logró ubicarse entre los niveles más altos de desempeño en lectura, matemática o ciencias.
LECTURA Y CIENCIAS RETROCEDEN
Mientras el rendimiento en matemática se mantuvo relativamente estable respecto de PISA 2022, lectura y ciencias mostraron una caída. La OCDE plantea como una de las posibles explicaciones la expansión de la educación secundaria hacia sectores de la población que anteriormente tenían menos acceso a ella.
Sin embargo, el informe también vuelve a poner sobre la mesa problemas estructurales que Paraguay arrastra desde hace años.
Directivos de varias instituciones señalaron la existencia de déficit de docentes y de recursos materiales, una situación que no habría mejorado sustancialmente respecto de la evaluación anterior.
Esto significa que el problema no puede reducirse exclusivamente al desempeño individual de los estudiantes. Detrás de las cifras aparecen también las condiciones en las que miles de jóvenes intentan aprender.
PANTALLAS E INTELIGENCIA ARTIFICIAL: NUEVOS DESAFÍOS
El escenario educativo también está cambiando aceleradamente por la tecnología.
El 38% de los estudiantes paraguayos manifestó que sus compañeros se distraen con dispositivos digitales durante las clases. Al mismo tiempo, aumentó de manera importante la cantidad de instituciones que aplican prohibiciones al uso de celulares y otros dispositivos durante las lecciones.
Pero la tecnología ya no se limita a las distracciones.
El avance de la inteligencia artificial también está modificando la manera en que estudian los jóvenes. El 45% de los estudiantes paraguayos consultados dijo utilizar “chatbots” como apoyo para sus estudios al menos una vez por semana.
Los utilizan principalmente para investigar, resumir textos y redactar trabajos. Apenas un 10% aseguró no utilizar herramientas de inteligencia artificial.
El desafío, por tanto, ya no consiste simplemente en prohibir o permitir la tecnología, sino en enseñar a utilizarla de manera responsable, crítica y realmente educativa.
EL ACOSO ESCOLAR, OTRA SEÑAL DE ALERTA
A este panorama se suma un problema que afecta directamente al bienestar y al aprendizaje: la violencia entre estudiantes.
El 28% de los alumnos paraguayos evaluados afirmó haber sufrido bullying al menos una vez al mes. El ciberbullying presenta una incidencia menor, pero alcanza al 5% de los estudiantes y quienes lo padecen obtienen, en promedio, resultados considerablemente más bajos.
El informe deja así una fotografía preocupante de la educación paraguaya: bajos niveles de aprendizaje, retrocesos en áreas esenciales, falta de docentes y recursos, distracciones digitales, uso creciente de inteligencia artificial y violencia escolar.
Más allá de las cifras y de las comparaciones internacionales, el verdadero problema es lo que esos números representan para el futuro del país.
Un adolescente que llega a los 15 años sin alcanzar competencias básicas de lectura, ciencias o matemática enfrenta mayores dificultades para continuar sus estudios, incorporarse al mercado laboral y desenvolverse plenamente en una sociedad cada vez más tecnológica.
PISA no es solamente un ranking. Es una señal de advertencia sobre la capacidad del Paraguay para formar a la generación que deberá sostener su desarrollo en las próximas décadas. Y los resultados indican que la alarma está encendida.














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