El presidente de la UGP, Héctor Cristaldo, explicó que, a diferencia de La Niña —que puede afectar directamente los rendimientos agrícolas por la falta de agua—, El Niño puede incluso favorecer la producción. Sin embargo, advirtió que los eventos extremos y las precipitaciones persistentes pueden generar complicaciones importantes dependiendo de la zona y de la actividad productiva.
En los cultivos de soja, maíz y trigo, principalmente en campos altos, el exceso de humedad puede dificultar el manejo, la aplicación de tratamientos y, especialmente, la cosecha. Cuando los suelos quedan convertidos en barro, las maquinarias no pueden ingresar a las parcelas, lo que puede provocar retrasos y pérdidas.
Cristaldo también alertó sobre el riesgo de erosión y pérdida de fertilidad del suelo cuando no se aplican prácticas de manejo sostenible, como la siembra directa.
La situación puede ser todavía más compleja en las zonas bajas. Los productores de arroz enfrentan el riesgo de anegamiento de sus parcelas ante lluvias persistentes, mientras que la ganadería también puede verse afectada en campos bajos, palmares y zonas cercanas a los cursos de agua.
En regiones como Ñeembucú, el Bajo Chaco y la costa del río Paraguay, el exceso de precipitaciones podría provocar anegamientos e incluso inundaciones si los niveles de los ríos aumentan considerablemente.
EL PRINCIPAL TEMOR: QUE LA PRODUCCIÓN NO PUEDA SALIR
Para el titular de la UGP, uno de los aspectos más delicados de un escenario de lluvias intensas es el impacto sobre la infraestructura vial y la logística.
El deterioro o corte de caminos puede frenar el traslado de productos hacia los centros de comercialización, una situación particularmente crítica para rubros que manejan mercaderías perecederas.
“El producto tiene que llegar”, es la preocupación central planteada por Cristaldo. La leche, por ejemplo, debe ser trasladada diariamente a las plantas industriales, mientras que las frutas y hortalizas tienen un margen reducido de tiempo para llegar al consumidor sin perder calidad.
Por ello, una temporada de lluvias intensas no solo representa un desafío productivo, sino también un riesgo para toda la cadena de comercialización.
PRODUCTORES LLEGAN CON UNA SITUACIÓN FINANCIERA AJUSTADA
El escenario climático se suma a una realidad económica que tampoco es holgada para el productor. Cristaldo señaló que la última campaña de soja fue históricamente positiva en volumen, con una producción cercana a 12,5 millones de toneladas, pero el resultado económico estuvo por debajo de las expectativas debido al comportamiento de los precios internacionales.
Según explicó, los costos de producción aumentaron con fuerza, mientras que los precios de los productos agrícolas estuvieron contenidos por diversos factores externos, entre ellos las tensiones comerciales y conflictos internacionales.
Aunque el rendimiento promedio superó los 3.000 kilos por hectárea, la combinación de costos elevados y precios menores a los esperados limitó la rentabilidad.
La situación es todavía más delicada en algunas zonas del norte del país, como San Pedro, Canindeyú y el norte de Caaguazú, donde los productores vienen de varios años de sequía y arrastran compromisos financieros y refinanciaciones desde 2022.
“Es un escenario complejo y más apretado para esa región norte que para el resto del Paraguay”, señaló Cristaldo, al remarcar que el sector no cuenta actualmente con una espalda financiera suficientemente holgada para enfrentar sin dificultades un nuevo shock climático.
CHACO: MANTENER LOS CAMINOS PARA EVITAR EL AISLAMIENTO
La preocupación adquiere una dimensión especial en el Chaco paraguayo, donde las condiciones climáticas pueden cambiar rápidamente de una situación de sequía a escenarios de lluvias intensas e inundaciones.
Cristaldo consideró prioritario reforzar el mantenimiento preventivo de los caminos, especialmente en el departamento de Alto Paraguay, que enfrenta periódicamente problemas de aislamiento.
Sin embargo, advirtió que el mantenimiento por sí solo no garantiza que las rutas permanezcan transitables ante lluvias extraordinarias. Por ello, planteó la necesidad de anticipar mecanismos logísticos para abastecer a las comunidades que eventualmente queden aisladas.
La dificultad también puede afectar la comercialización de ganado, considerando que Alto Paraguay concentra uno de los mayores stocks ganaderos del país. Si los caminos quedan intransitables, sacar animales hacia los mercados podría convertirse en una tarea compleja.
INFRAESTRUCTURA, UNA PRIORIDAD PARA EL SECTOR
El dirigente gremial valoró las inversiones que ya están en marcha en materia de infraestructura, entre ellas la Ruta Bioceánica, pero señaló que todavía existen zonas con un elevado potencial productivo que requieren mejores conexiones.
Entre las prioridades mencionó Aguadulce, en el Chaco, un territorio con posibilidades de expansión productiva que, según explicó, se encuentra limitado por la falta de infraestructura adecuada.
Para el sector productivo, anticiparse a los efectos de El Niño significa mucho más que prepararse para las lluvias: implica asegurar caminos transitables, prever mecanismos de abastecimiento, proteger la infraestructura y garantizar que los productos puedan llegar a los mercados.
En un escenario donde el productor llega con una situación financiera ajustada, una interrupción logística prolongada podría convertir un problema climático manejable en un golpe económico de mayor magnitud.














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