Para el mandatario, el anhelado crecimiento y la consolidación de un Paraguay próspero son metas inalcanzables si no se garantiza primero un entorno seguro, el respeto irrestricto a la ley y la solidez institucional.
Más allá del rigor protocolar en la Academia Nacional de Policía “Gral. José E. Díaz”, el discurso presidencial marcó una línea de gestión clara: la seguridad dejó de ser una promesa aislada para convertirse en la condición sine qua non del progreso nacional.

“El Paraguay solo podrá alcanzar sus objetivos de desarrollo a partir del fortalecimiento de la seguridad”, enfatizó Peña, vinculando directamente la paz pública con la atracción de inversiones y el bienestar social.
Para respaldar esta visión, el jefe de Estado ratificó un compromiso integral con la Policía Nacional, prometiendo no solo mejoras en infraestructura, tecnología y equipamiento, sino también un enfoque humano centrado en la capacitación y el bienestar de las familias policiales.
UN NUEVO LIDERAZGO CON ENFOQUE CIUDADANO
Al frente de esta estrategia se consolida el comisario General César Roberto Silguero Lobos, cuyo ascenso y confirmación en el cargo quedaron oficializados bajo el Decreto N° 6137, tras recibir el acuerdo constitucional del Senado.
Lejos de una postura meramente reactiva, Silguero Lobos asumió el mando con una visión de reforma, alineada al pedido del Ejecutivo:
Combate al crimen: Cooperación nacional e internacional estratégica frente al crimen organizado.
Transparencia: Una gestión basada en la honestidad, la disciplina y el respeto irrestricto a los derechos humanos.
Proximidad: Transformar la percepción pública para construir una policía más cercana a la gente.
El acto contó también con el respaldo político del ministro del Interior, Enrique Riera, y el ministro de Defensa, Óscar Luis González, además de la cúpula militar y el cuerpo diplomático, enviando una señal de unidad institucional en un momento clave para la agenda de seguridad del país.















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