Este proyecto personal se basa en una historia de vida. El participante está reactivando los conocimientos que adquirió años atrás trabajando con su padre en la producción y venta de hortalizas hidropónicas a supermercados. El sistema de cultivo sin suelo, que optimiza el uso de agua y espacio, le permite generar alimentos de alta calidad en un ambiente controlado.
Para el interno, el invernadero se ha convertido en un espacio de concentración y crecimiento personal. La dedicación diaria es un recordatorio de sus capacidades y un impulso tangible para imaginar un futuro viable.
La iniciativa no solo es terapéutica, sino también económicamente sostenible. La mitad de la producción de lechugas será destinada al autoconsumo dentro de la granja, mejorando la dieta de los internos. La otra mitad se comercializará en comercios locales y en penales aledaños, fortaleciendo un circuito productivo que genera ingresos y experiencia.
El proceso cuenta con la supervisión y apoyo del coordinador de reinserción social, Gustavo Algaña, quien ve en el proyecto la esencia de la rehabilitación efectiva. “Le permite reconectar con un oficio que forma parte de su historia y, al mismo tiempo, recuperar la confianza en sí mismo”, expresó Algaña. “La rehabilitación a través del trabajo es posible cuando la persona encuentra un propósito”.
El PPL complementa su labor práctica con capacitaciones en manejo de invernaderos, control de calidad y gestión de emprendimientos, adquiriendo herramientas fundamentales para su futura reinserción laboral una vez que recupere su libertad. Este proyecto se alinea con el compromiso del Ministerio de Justicia de promover iniciativas que dignifiquen y permitan construir nuevos proyectos de vida dentro del sistema penitenciario.














Dejá tu comentario