Una cacería en redes sociales
Al respecto, Cellammare señaló que n las redes sociales se instaló un clima de enfrentamiento permanente. Cualquier error se amplifica, se generaliza y se usa para atacar a todos por igual. A esto se suman perfiles falsos que, desde el anonimato, alimentan campañas de desprestigio contra la iglesia y sus pastores.
La crítica responsable es válida y necesaria, y quien se equivoca debe rendir cuentas. Pero generalizar, difamar y sembrar odio no construye nada: solo divide a la sociedad y desalienta a quienes trabajan por el bien común.
Hay que reconocerlo con honestidad: muchos que no tienen el llamado ni la vocación pastoral han usado el púlpito con fines propios y egoístas, y otros han enseñado mal a las personas, causando daño. Esos casos existen y duelen. Pero no todos son así, y no es justo que miles de pastores que sirven con integridad carguen con las faltas de unos pocos.
Lo que la iglesia hace por las personas
Mientras el ruido crece en las pantallas, la iglesia sigue trabajando en silencio, todos los días y sin pedir nada a cambio:
- Abre comedores y reparte alimentos a familias que no tienen qué comer.
- Acompaña a jóvenes y adultos en su recuperación de las adicciones.
- Visita a los enfermos en hospitales y a las personas privadas de libertad en las cárceles.
- Acompaña a matrimonios en crisis y a familias en duelo.
- Contiene a adolescentes y jóvenes que buscan sentido y pertenencia.
- Llega primero en las emergencias, cuando las inundaciones o el frío golpean a los más vulnerables.
Nada de esto genera titulares, pero cambia vidas. Muchas familias que hoy están de pie pasaron alguna vez por la puerta de una iglesia en su peor momento.
El sacrificio del pastor y su familia
Detrás de cada iglesia hay un pastor y una familia que entregan su vida por los demás. Son quienes atienden el teléfono a medianoche, quienes acompañan un velorio, una internación o una crisis familiar, aunque eso signifique dejar su propio descanso.
Sus hijos crecen compartiendo a sus padres con toda una comunidad. Muchos pastores sostienen su ministerio con recursos limitados, e incluso con otros trabajos, para seguir sirviendo. Esa entrega rara vez se ve, pero es real y es diaria.
Un llamado al respeto
La invitación es a bajar el tono, a verificar antes de compartir y a no prestarse a campañas de odio desde perfiles anónimos. La iglesia seguirá con sus puertas abiertas, sirviendo a todos sin distinción, porque su misión es amar y ayudar al ser humano.














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