El combinado africano, que ya había sorprendido en la fase previa al tutear a potencias de la talla de España y Uruguay, saltó al campo de juego sin complejos tácticos. Lejos de refugiarse en su área, el conjunto dirigido por Bubista disputó la posesión en los pasajes iniciales, respaldado por la enorme seguridad de su arquero Vozinha, quien incluso se lució con amagues arriesgados ante la presión de la ofensiva albiceleste.
El marcador se inauguró a los 29 minutos de la primera mitad gracias a la genialidad de Lionel Messi. El capitán capturó un envío aéreo preciso de Lisandro Martínez, congeló el balón con un control sutil con el pecho y definió por alto ante la salida del guardameta rival para firmar su vigésima conquista en los libros históricos de las Copas del Mundo. Sin embargo, la ventaja parcial tradujo al cuadro de Lionel Scaloni en una meseta de parsimonia que terminó costándole caro en el complemento.
La rebelión de los Tiburones Azules y el gol del torneo
A la vuelta de los vestuarios, Cabo Verde adelantó líneas y comenzó a usufructuar los desajustes defensivos del adversario. Avisó primero con un remate de media distancia y, sobre la hora de juego, el volante Deroy Duarte aprovechó la pasividad de la retaguardia argentina para colarse en el área y decretar el transitorio 1-1 con un disparo que se filtró entre las piernas de un zaguero.
El asedio de los minutos finales, con Messi liderando los ataques y Vozinha erigiéndose como una muralla infranqueable, no bastó para romper la paridad, forzando la disputa de la prórroga ante el nerviosismo generalizado de la parcialidad sudamericana.
El tiempo extra destrabó las emociones por completo. Apenas iniciado el primer chico, a los 92 minutos, Lisandro Martínez pescó un balón peinado en el segundo poste tras un tiro de esquina y fusiló la valla africana para devolver la tranquilidad a los suyos. No obstante, la algarabía duró poco: a los 103 minutos, el lateral zurdo Sidny Lopes Cabral sacó un tremendo zapatazo desde fuera del área que se clavó en el ángulo del arco de Emiliano Martínez, decretando el 2-2 con una joya que ya postula como la mejor anotación del Mundial.
El desenlace fortuito y la cita ante Egipto
Cuando el fantasma de los penales sobrevolaba las tribunas de Miami, la fortuna se alineó con la escuadra sudamericana. A los 111 minutos de la segunda mitad de la prórroga, un nuevo córner ejecutado por Lionel Messi provocó el frentazo de Cristian Romero, cuyo remate rebotó de manera infortunada en el brazo del defensor Diney Borges, introduciéndose en su propia portería para el definitivo 3-2. En los pasajes de agonía, las intervenciones salvadoras del Dibu Martínez blindaron el pasaporte argentino ante los desesperados embates de un rival dignísimo, que se marcha de Norteamérica sin conocer la derrota en el tiempo regular.
Con este trabajado triunfo que estira a ocho los éxitos oficiales consecutivos de Argentina sobre elencos del continente africano, los dirigidos por Scaloni arman las maletas rumbo a la ciudad de Atlanta. Allí se verán las caras el próximo martes en los octavos de final ante la selección de Egipto, comandada por Mohamed Salah, en lo que promete ser otra batalla de altísima intensidad en el camino hacia la corona planetaria.















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