Consumado su golazo con un bombazo inalcanzable para sentenciar el pleito, el extremo franjeado corrió hacia la zona del banderín de córner y ejecutó un baile festivo que fue tomado como una afrenta directa por la golpeada parcialidad azulgrana. La celebración encendió la furia de los futbolistas de Cerro Porteño en un ambiente que ya venía al rojo vivo, desencadenando una reacción inmediata y desmedida.
Piñas, batalla entre planteles y una lluvia de proyectiles sobre la cancha
El primero en cruzar la línea fue César Bobadilla, quien fue directamente a buscar a Romeo Benítez y le propinó una golpiza en medio del tumulto, prendiendo la mecha para una batahola de todos contra todos. La tensión se trasladó al instante a los sectores de la platea y preferencia, donde la hinchada del Ciclón perdió completamente el control ante el festejo rival y la gresca desatada en el césped.
Desde las gradas comenzó a volar todo tipo de objetos contra la delegación olimpista: desde botellas y chipas hasta sillas arrancadas de la estructura del estadio. El campo de juego se transformó en una verdadera zona de combate, sellando otro capítulo oscuro en la historia de los clásicos del fútbol paraguayo donde el espectáculo deportivo quedó sepultado bajo el descontrol, las agresiones físicas y la barbarie en las tribunas.














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