Dos hechos inesperados harán que el partido ante Turquía sea recordado por muchos años: el tempranero gol de Galarza y la expulsión de Almirón por la «ley Vinicius» (aunque algunos prefieran decirle “ley Prestianni”).
Parecía que era imposible.
Había que enfrentar todo el segundo tiempo (y varios minutos más del primero) con un hombre menos, contra una selección fuerte, que quedaba eliminada con la derrota.
Y con un árbitro imprevisible en cancha.
Sin embargo, se pudo.
Paraguay se abroqueló en el fondo.
Mientras que Turquía fallaba una y otra vez en sus intentos de llegar al gol, Paraguay se hacía fuerte.
Hubo puntos altos, actuaciones individuales de relieve: Galarza, obviamente, por el gol y la entrega; Gómez, que sacó todo lo que llegaba al área; Gill, Alderete, Junior Alonso…
Pero, en general, todos rindieron. ¿Esperamos más de algunos? Claro que sí.
Aunque no es el momento de análisis finos.
Es el momento de festejar. Un dato no menor, es que hacía 16 años que Paraguay no ganaba un encuentro mundialista.
Dejemos que Alfaro reordene sus piezas para el próximo partido ante Australia, el próximo jueves. Los dos equipos tienen 3 puntos, pero Paraguay quedó en la tercera posición por la diferencia de gol.
El DT argentino había dicho que con garra solo no se gana, pero sin ella, probablemente, tampoco.
Se necesita talento individual, sabemos que existe.
Y un plan de juego, un plan táctico.
Anoche, el equipo se reencontró con la mística y la lucha. Y nosotros, reavivamos la esperanza.
El partido ante Turquía será material de arengas de capitanes y motivadores.
Volveremos a sufrir el jueves. Y ahora sí, Paraguay podrá lucir su camiseta principal.
¡Vamos Paraguay!














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