Fue el último baile, y arrancó con la música al máximo.
Después del Mundial de Italia 90, la vida de Diego Maradona ya estaba atravesada por los escándalos. Primero llegó el doping positivo en el fútbol italiano y, más tarde, su detención en Buenos Aires, en medio de un clima político donde muchos sintieron que su imagen servía para desviar la atención de otros problemas del país. Todo hacía pensar que su historia con la Selección estaba terminada.
Pero tras el durísimo 5-0 ante Colombia en las Eliminatorias, Argentina volvió a buscar a su capitán. Diego regresó y se puso el equipo al hombro para clasificar al Mundial de Estados Unidos 94. En el debut contra Grecia brilló como en sus mejores tiempos, jugó un partidazo y convirtió un gol inolvidable. Frente a Nigeria volvió a mostrar destellos de su talento y Argentina ilusionaba.
Hasta que llegó esa imagen imposible de olvidar, Diego Armando Maradona caminando de la mano de una enfermera rumbo al control antidoping. Horas después, la noticia golpeó al país entero y silenció cualquier esperanza. Julio Grondona, presidente de la AFA, no tardó en tomar distancia. Mientras la Selección enfrentaba a Bulgaria en un partido que parecía quedar en segundo plano, Diego dejó una frase que resumió todo su dolor, “Me cortaron las piernas”.
Así, entre tristeza, polémica y una sensación de injusticia que todavía genera debate, Maradona se despidió para siempre de los Mundiales.












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