En comunicación con RCC Radio este lunes, el oficial Carlos Gavilán, jefe de gabinete de la Policía de Boquerón, detalló los hechos. El primero de ellos, ocurrido en la madrugada del feriado del 14 de mayo en la avenida Trébol, reviste una gravedad que va más allá de los severos daños materiales.
Cuatro jóvenes mayores de edad: Ariel Acosta, Stefanie Heil Rossner, Neri López y Catherine Amarilla sobrevivieron de milagro luego de que el automóvil en el que viajaban, conducido a alta velocidad, se despistara en una curva cerrada, diera varios vuelcos y terminara en una zona boscosa.
El dato que transforma este accidente en un acto de grave irresponsabilidad es el resultado del conductor: alcotest positivo.
LA DELGADA LÍNEA ENTRE LA IMPRUDENCIA Y EL DELITO
Mezclar el alcohol con el volante no es un error de cálculo; es una decisión negligente que pone en riesgo no solo la vida de quienes ocupan el rodado, sino la de peatones y terceros inocentes. La combinación de velocidad y alcohol disminuye drásticamente los reflejos, nubla el juicio y anula la noción del peligro.
Como bien recordó el oficial Gavilán, conducir alcoholizado en Paraguay no se reduce a una simple falta administrativa: constituye el delito de Exposición al Peligro del Tránsito Terrestre, tipificado en las leyes nacionales y que puede acarrear penas de hasta dos años de cárcel.
OTRO VUECO GRAVE
A pocas horas de diferencia, el 13 de mayo, la colectora oeste de la ruta 16 fue escenario de otro impactante vuelco contra unas palmeras. Sin embargo, el trasfondo fue distinto: una joven de 21 años, embarazada y acompañada de sus dos hijos pequeños (de 2 y 5 años), sufrió una descompensación médica al volante.

Afortunadamente, toda la familia fue auxiliada y se encuentra fuera de peligro. Este segundo caso demuestra que los imprevistos en ruta existen, pero que la verdadera tragedia ocurre cuando el peligro se busca de forma voluntaria.
Reflexión obligatoria: Las campañas de concienciación y las charlas preventivas de la Policía Nacional parecen diluirse los fines de semana. Cuando la sensatez no basta para entender que el automóvil puede convertirse en un arma, es hora de que la ley actúe con todo su peso. Detrás de un milagro como el de la avenida Trébol, queda la urgente lección de que en la ruta la prudencia salva vidas; el alcohol, en cambio, solo destruye futuros.













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