El estratega argentino fue categórico al señalar que la condición actual del nuevo valor albirrojo requiere un proceso de maduración para sostener el ritmo de competencia durante los noventa minutos completos. Según el análisis del cuerpo técnico, el rendimiento del jugador alcanza su máximo potencial e impacto en el juego cuando ingresa con el partido ya en desarrollo, aprovechando el desgaste físico previo y la consiguiente baja de intensidad en la marca por parte de las estructuras defensivas rivales.
El dilema de la estatura y el equilibrio en las pelotas paradas
Más allá del factor de la dosificación física, Alfaro profundizó en las complejidades que implica la distribución de piezas sobre el terreno de juego, haciendo hincapié en las dificultades para alinear en el esquema inicial a Mauricio de forma simultánea con Julio Enciso sin resentir otras facetas fundamentales del andamiaje colectivo.
El conductor del seleccionado nacional reconoció que, si bien la combinación de ambas individualidades en la zona de ataque representa un ideal futbolístico muy vistoso, la realidad obliga a tomar precauciones operativas ante la envergadura del rival de turno. En ese sentido, el técnico ejemplificó que una hipotética delantera conformada por Enciso como referente de área y Mauricio flotando por detrás dejaría al equipo desprotegido en el juego aéreo.
La contextura física de la escuadra teutona, que cuenta en sus filas con varios futbolistas que superan el metro noventa y cinco de estatura, inclinó la balanza para que el cuerpo técnico paraguayo opte por la inclusión de un delantero centro de oficio en la alineación titular. Esta determinación responde estrictamente a la necesidad de sumar centímetros en el área propia y contar con el respaldo necesario para contrarrestar las ejecuciones de pelota parada del conjunto europeo, un apartado donde Alemania suele marcar diferencias sustanciales.















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