Las declaraciones del titular de la APF cayeron como un balde de agua fría en las dirigencias de los clubes, que fin de semana tras fin de semana protestan por decisiones que alteran de forma directa los marcadores. Si bien Harrison reconoció la existencia de fallas y admitió que no le agrada cuando se cometen desaciertos o la gente se queja, justificó la labor pidiendo entender que las determinaciones se toman en fracciones de segundo y que los desaciertos ocurren en las mejores ligas del planeta, incluso con el soporte de la tecnología del VAR.
El insólito deslinde de culpa que traslada la responsabilidad del juego lento hacia las dirigencias y los futbolistas
En un intento por amortiguar la ola de cuestionamientos, el mandatario de la matriz de la avenida Mayor Martínez ensayó una llamativa defensa colectiva, afirmando que los errores actuales son menores y atribuyendo el retroceso en la dinámica de los partidos a los propios jugadores por las pérdidas de tiempo acumuladas en cancha. El análisis dejó expuesta una postura oficial que parece distante del clamor popular y de la desesperación de las instituciones golpeadas por los silbatazos.
El tajante espaldarazo de Harrison hacia el estamento arbitral reabre una brecha profunda con la afición y los directivos del balompié nacional. Al catalogar la labor réferi como aceptable en líneas generales y responsabilizar al entorno por no comprender el reglamento, la máxima autoridad del fútbol paraguayo deja en claro que no habrá volantazos ni reestructuraciones profundas en la Comisión, encendiendo las alarmas para la recta final de la temporada.














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