El titular de la matriz de la avenida Mayor Martínez confesó que el plan inicial estipulaba arrancar el proceso de transformación en el mes de agosto, inmediatamente después de la participación de la selección en el Mundial de Norteamérica. Sin embargo, admitió que el cronograma pactado con los clubes y consultoras externas no pudo cumplirse por diversas razones no especificadas, desplazando la reestructuración hacia un horizonte lejano: si bien para el 2027 se vislumbran pequeñas modificaciones de forma, el verdadero sacudón al formato de torneo recién llegaría en el año 2028.
Promesas a largo plazo frente a un torneo local que exige soluciones inmediatas
El anuncio de una espera prolongada para ver una verdadera metamorfosis en el certamen doméstico desató cuestionamientos instantáneos en la opinión pública. Mientras el ambiente del balompié nacional reclama con urgencia mayor dinámica, un arbitraje confiable y un calendario más atractivo para evitar la devaluación del producto, la postura oficial opta por la cautela y la dilatación de plazos, dejando en evidencia las dificultades operativas para poner de acuerdo a las instituciones.
Con el compromiso de trabajar intensamente junto a los clubes en los próximos meses, Harrison intenta calmar las aguas de una liga que arrastra vicios estructurales severos. La gran incógnita que envuelve a la dirigencia es si el fútbol paraguayo podrá resistir dos temporadas más bajo el formato actual o si la postergación de los cambios sepultará aún más el nivel competitivo del campeonato.














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