Durante una entrevista con RCC Radio, la especialista compartió datos alentadores sobre el panorama nacional en Paraguay, donde se ha registrado una paulatina reducción en las tasas de suicidio desde el año 2020, logrando evitar aproximadamente siete muertes por cada 100.000 habitantes, gracias a las intervenciones oportunas y a la concienciación pública.
Sin embargo, advirtió que la cifra absoluta continúa siendo preocupantemente elevada y que, ante una estadística global donde ocurren casi 40 suicidios por segundo, la única estrategia resolutiva es la prevención antes de que la persona llegue a una situación límite.
Al abordar el impacto directo de la vida cotidiana en el bienestar emocional, la Dra. Oviedo hizo una distinción fundamental entre el estrés positivo —aquel mecanismo biológico de alerta que permite reaccionar ante los desafíos diarios— y el estrés negativo o distrés.
Explicó que este último se genera cuando se produce un efecto de acumulación: la sobrecarga en el entorno laboral se suma a las presiones financieras, los conflictos familiares, las exigencias académicas universitarias y las responsabilidades del hogar.
Esta saturación sostenida, que en muchos casos arranca en la adolescencia o la juventud temprana, socava progresivamente la salud mental hasta provocar un colapso en la etapa adulta, escenario donde el ámbito de trabajo suele ser solo el detonante visible y no la causa única del problema.
Ante este panorama, la profesional alertó sobre el error recurrente de buscar salidas superficiales, como el consumo indiscriminado de suplementos o el cambio apresurado de empleo.
Explicó que muchos pacientes atribuyen todo su malestar de forma exclusiva a la figura de un jefe o al ambiente laboral; sin embargo, al no modificar su estructura interna de manejo del estrés, terminan trasladando la misma frustración a un nuevo lugar de trabajo.
Por ello, la solución de fondo no reside en huir del entorno ni en recurrir a fármacos sin prescripción, sino en desarrollar la capacidad de ordenar la vida, establecer prioridades claras y buscar acompañamiento psicológico para reestructurar los patrones de pensamiento y fijar metas alcanzables a corto, mediano y largo plazo.
En cuanto a los hábitos de vida, la psiquiatra desmitificó el uso de las tecnologías y las redes sociales al término de la jornada laboral. Señaló que plataformas como TikTok o Instagram no deben demonizarse si se utilizan con moderación como una vía de entretenimiento o contacto social, pero se vuelven perjudiciales cuando sustituyen las horas de descanso nocturno o saturan la mente con contenidos nocivos.
En ese sentido, subrayó que el cuidado de la salud mental descansa sobre tres pilares cotidianos impostergables: garantizar una correcta higiene del sueño para permitir la regeneración cerebral, realizar actividad física regular adaptada a la rutina diaria —incluso con ejercicios sencillos en la casa— y mantener una nutrición consciente, entendiendo los alimentos como el combustible esencial para el organismo y no como un refugio emocional frente a la ansiedad.













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