La doctora Vargas enfatizó la importancia de revertir esta tendencia, explicando que la sangre requiere procesos de fraccionamiento y análisis previos para detectar enfermedades de transmisión antes de ser transfundida.
«La sangre tiene que estar preparada en los hospitales esperando por el paciente, no el paciente esperando por el donante. Cuando un familiar va a donar en una urgencia, la sangre que se utiliza en ese momento ya es la que donó otra persona previamente», aclaró.
UNA SOLA BOLSA, TRES O MÁS VIDAS SALVADAS
Cada donación extrae aproximadamente medio litro de sangre, lo que representa apenas el 10% del volumen total de una persona de más de 50 kilos. Debido a que la ciencia aún no ha podido fabricar un sustituto artificial para este tejido vital, el CENSA fracciona cada unidad colectada en tres componentes esenciales:
Glóbulos rojos: Tienen una viabilidad de 42 días y se destinan a cirugías, heridos en accidentes y transfusiones de soporte.
Plaquetas: Duran solo 5 días en constante agitación (a una temperatura de 20 a 22 grados) y son críticas para pacientes con leucemia o en tratamiento de quimioterapia.
Plasma (parte líquida): Contiene proteínas y factores de coagulación; se congela a -30 grados y se almacena para diversas patologías.
En el caso de los pacientes pediátricos, la dosificación se calcula por kilogramo de peso, lo que permite que una sola donación de glóbulos rojos pueda fraccionarse para salvar la vida de hasta cinco o seis niños.
MITOS Y NUEVOS REQUISITOS PARA DONAR
La directora del CENSA aprovechó para actualizar los criterios de elegibilidad, destacando que los avances tecnológicos han permitido flexibilizar ciertas restricciones históricas:
Tatuajes y piercings: Gracias a la implementación de tecnología de biología molecular en todo el país, el periodo de espera se redujo de un año a solo 6 meses.
Dengue: Quienes hayan padecido la enfermedad pueden postularse nuevamente un mes después de haber desaparecido por completo los síntomas.
Ayuno: Se desmiente la necesidad de ir en ayunas. Es indispensable acudir bien hidratado (tomar al menos dos vasos de agua) y habiendo consumido un desayuno liviano (sin lácteos ni grasas).
Enfermedades crónicas: Las personas con hipertensión o diabetes controlada (que utilicen medicación oral) están aptas para donar.
Edad y peso: El rango va de 18 a 65 años (hasta 70 si es donante habitual) y un peso mínimo de 50 kilos, además de portar la cédula de identidad.
Finalmente, la profesional hizo un llamado a la empatía ciudadana para vencer el temor a las agujas. «La satisfacción de salvar una vida es mucho más grande que el miedo. No duele la aguja; duele mucho más saber que hay gente necesitando y que depende de nuestra humanidad. Este es un compromiso compartido entre el Estado y la comunidad», concluyó.















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