La especialista calificó esta problemática como “muy grave”, señalando que afecta principalmente a niños y adolescentes, tanto a quienes sufren agresiones como a quienes las ejercen. Auada explicó que, en las instituciones donde trabajó, el abordaje del bullying seguía protocolos claros: Entrevistas individuales con los alumnos involucrados. Intervención psicológica inmediata. Informe a la dirección. Convocatoria a padres de víctimas y agresores.
Asimismo, la aplicación de sanciones, incluyendo suspensión o incluso la no renovación de matrícula en casos reincidentes. “No se puede tomar a la ligera el bullying. Es una forma de maltrato que puede tener consecuencias muy graves”, enfatizó.
Sin embargo, advirtió que no todas las instituciones actúan con la misma firmeza, ya sea por temor a conflictos con padres o por intereses económicos.
EL ROL CLAVE DE LA FAMILIA
Uno de los principales obstáculos, según la profesional, es la negación de los padres, especialmente cuando se recomienda asistencia psicológica. “Existe todavía el prejuicio de que ir al psicólogo es ‘estar loco’, y eso impide que muchos niños reciban la ayuda que necesitan”, señaló.
Auada insistió en que tanto la víctima como el agresor requieren atención profesional: La víctima, para sanar el daño emocional. Al agresor, para trabajar su conducta, desarrollar empatía y evitar futuras conductas violentas. “Un niño que agrede no está bien. Algo está fallando en su entorno o en su mundo emocional, y si no se trata, el problema puede agravarse”, explicó.
CONSECUENCIAS A LARGO PLAZO
La especialista advirtió que no intervenir a tiempo puede derivar en situaciones más complejas: Problemas de conducta en la adolescencia. Violencia social. Trastornos emocionales. Incluso desenlaces trágicos.
En ese sentido, compartió un caso real que marcó su trayectoria profesional: un estudiante con problemas conductuales que no recibió apoyo psicológico debido a la negativa de su padre. Tiempo después, el joven se quitó la vida. “Si un profesional recomienda ayuda, hay que escuchar. Puede estar en juego la vida de un hijo”, lamentó.
INSTITUCIONES Y DOCENTES: ACTORES CLAVE
Auada subrayó que el rol de los docentes es fundamental, ya que son quienes observan de cerca la dinámica en el aula. También destacó la importancia de políticas institucionales firmes, que incluyan: Capacitación docente. Charlas obligatorias para padres. Seguimiento de casos. Cultura de tolerancia cero al bullying. “No importa si la institución es pública o privada, lo que marca la diferencia es la decisión de actuar”, afirmó.
Finalmente, la psicóloga instó a las familias a dejar de lado los prejuicios y buscar ayuda profesional ante cualquier señal de alerta. “El tiempo no cura estos problemas. Necesitan tratamiento. Hablar de esto puede salvar vidas”, concluyó.














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