Las expresiones de Lula generaron repercusión tanto en Paraguay como en Brasil, al involucrar directamente al país en un tema de alta sensibilidad diplomática, dejando entrever que Paraguay es el único responsable de la Guerra contra la Triple Alianza. Sin embargo, a varios días de aquellas manifestaciones, el Gobierno paraguayo, a través de su Cancillería, no ha emitido un comunicado, una nota de protesta ni una declaración pública fijando posición sobre el episodio.
La ausencia de una respuesta oficial ha despertado críticas en distintos sectores, que esperaban una defensa más firme de la posición paraguaya frente a declaraciones falaces provenientes del jefe de Estado del principal socio comercial del país y miembro del Mercosur.
El contraste se hace más evidente al recordar la reciente controversia protagonizada por la senadora Celeste Amarilla (PLRA) y el futbolista de la selección de Francia, Kylian Mbappé. En esa ocasión, la Cancillería reaccionó en cuestión de horas mediante sus redes sociales y canales oficiales para responder a las expresiones de la legisladora, que logró incluso una amplia repercusión internacional.
Esta diferencia en los tiempos y en la intensidad de las respuestas plantea interrogantes sobre los criterios que aplica el Ministerio de Relaciones Exteriores para definir cuándo intervenir públicamente y cuándo optar por el silencio.
En diplomacia, la prudencia suele ser una herramienta válida y, en muchos casos, las gestiones se realizan por canales reservados. No obstante, cuando se producen manifestaciones públicas que afectan la imagen o la dignidad de un país, también se espera que exista una señal institucional que deje en claro la posición del Estado, sobre todo cuando el “ofensor” recurrió a una falacia histórica, sin considerar las consecuencias que ha dejado a su paso aquella guerra genocida contra el Paraguay.
Hasta el momento, la Cancillería no ha informado si el tema fue abordado mediante gestiones diplomáticas reservadas ni ha explicado las razones por las que decidió no pronunciarse públicamente sobre las declaraciones de Lula da Silva, que se encuentra en campaña política para un segundo cuarto mandato.
Mientras tanto, la diferencia entre el silencio frente a un mandatario extranjero y la celeridad para responder a una controversia deportiva, absolutamente irrelevante para nuestras relaciones exteriores, continúa alimentando el debate sobre las prioridades y la estrategia de comunicación de la diplomacia paraguaya.













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