Según expresó, a través de la «Ley de Capitalidad» se reconocería los costos adicionales que la capital del país soporta por ser sede de los tres poderes del Estado y receptora diaria de cientos de miles de personas provenientes del área metropolitana y del interior del país. Para el efecto, propone suministrarle un presupuesto extra anual de USD 10 millones.
Glavinich sostiene que Asunción se encuentra en una situación particular frente a otras capitales sudamericanas: concentra al Congreso, la Presidencia, los ministerios, embajadas y demás instituciones nacionales, pero debe afrontar buena parte de los costos urbanos que genera esa concentración sin contar con un mecanismo permanente de compensación económica.

El problema se vuelve todavía más evidente cuando se considera la población flotante que ingresa diariamente a la ciudad. La ciudad capital cuenta con 160.000 contribuyentes para atender a 1.800.000 personas que entran y salen diariamente, en colectivos o vehículos particulares.
Uno de los principales argumentos expuestos por el urbanista es la enorme diferencia entre la cantidad de contribuyentes que tiene Asunción y el número de personas que utilizan diariamente su infraestructura y sus servicios.
Señaló que esa “población flotante” utiliza calles, avenidas, transporte, espacios públicos, sistemas de seguridad, limpieza y otros servicios municipales, pero no necesariamente tributa en Asunción.
En otras palabras, la ciudad debe mantener una infraestructura dimensionada para una población mucho mayor que la que efectivamente paga impuestos municipales.

Para Glavinich, esta situación justifica que el Estado Nacional contribuya de manera permanente al financiamiento de las obras y servicios que requiere la capital.
¿QUÉ ES UNA LEY DE CAPITALIDAD?
La propuesta no consiste simplemente en otorgar un subsidio ocasional a la Municipalidad. Una Ley de Capitalidad establecería un marco jurídico específico para reconocer la condición especial de Asunción.
Según explicó Glavinich, este tipo de legislación debería contemplar tres grandes aspectos: Primero, reconocer el estatus especial de la capital. Asunción no es solamente otra ciudad del país: es la sede de los tres poderes del Estado y el centro institucional de la República. Por ello, necesita derechos, responsabilidades y mecanismos de financiamiento acordes con esa función.
Segundo, establecer cómo se financia y administra esa condición especial. La concentración de instituciones nacionales genera mayores costos de mantenimiento, infraestructura, seguridad, movilidad y servicios. Por eso, la ley debería establecer transferencias específicas y permanentes del Estado.
Y tercero, proteger el rol institucional y simbólico de la capital, incluyendo su patrimonio histórico, el entorno de los edificios públicos, la seguridad de las sedes de gobierno y otros aspectos vinculados con su función como capital nacional.
UNA COMPENSACIÓN PERMANENTE, NO UNA AYUDA OCASIONAL
Uno de los puntos centrales de la propuesta es que los recursos destinados a Asunción tengan carácter permanente y previsible. La intención es evitar que cada administración municipal tenga que negociar periódicamente recursos extraordinarios con el Gobierno central para realizar grandes obras.
En ese sentido, señaló que el proyecto podría contemplar el uso de bonos soberanos, con una asignación de aproximadamente USD 10 millones anuales durante diez años, destinada a financiar obras de infraestructura.
La diferencia entre un mecanismo permanente de financiamiento y una transferencia extraordinaria resulta fundamental para planificar una transformación urbana de largo plazo, según manifestó.
Una ciudad no puede proyectar grandes obras de movilidad, infraestructura y recuperación urbana si depende exclusivamente de recursos que pueden variar de un año a otro.
EL GRAN DESAFÍO: PENSAR ASUNCIÓN MÁS ALLÁ DE SUS LÍMITES MUNICIPALES
Pero Glavinich va todavía más allá de la discusión sobre cuánto dinero debería recibir Asunción. El urbanista plantea que el problema de la capital no puede resolverse exclusivamente dentro de los límites del municipio.
Asunción forma parte de un área metropolitana integrada con numerosas ciudades del departamento Central, cuyos habitantes ingresan diariamente a la capital para trabajar, estudiar, realizar trámites, acceder a servicios o desarrollar actividades comerciales.
Por ello, propone también la posibilidad de crear un fondo nacional para grandes obras viales de Asunción y el Gran Asunción, administrado o regulado por un órgano supramunicipal que pueda planificar las soluciones metropolitanas de manera integral. Esta visión resulta especialmente relevante para problemas como el tránsito, el transporte público, los accesos, los corredores viales y la expansión urbana.
UNA CAPITAL MODERNA NO SE CONSTRUYE SOLAMENTE CON ASFALTO
El planteamiento también abre una discusión más amplia sobre qué tipo de ciudad quiere tener Paraguay: Transformar Asunción en una capital moderna y atractiva no debería reducirse a pavimentar calles o construir viaductos.
Según Glavinich, también implica recuperar espacios públicos, proteger el patrimonio histórico, ordenar el crecimiento urbano, mejorar el transporte, generar áreas verdes, modernizar los servicios y hacer que la ciudad sea más amigable tanto para sus habitantes como para quienes la visitan.
En su opinión, una capital atractiva también puede convertirse en una herramienta de desarrollo económico y turístico, ya que una ciudad bien planificada puede generar mayor actividad comercial, atraer inversiones, fortalecer el turismo y mejorar la calidad de vida.
Para ello, según expresó, se necesita una visión urbana de largo plazo, que trascienda los períodos electorales y articule al Gobierno Nacional, la Municipalidad de Asunción y los municipios del área metropolitana.
EL DESAFÍO ES DEJAR DE ADMINISTRAR EL PROBLEMA
La propuesta de Glavinich pone sobre la mesa una cuestión que Paraguay arrastra desde hace décadas: Asunción cumple una función nacional, pero sus costos recaen en gran medida sobre el municipio y sus contribuyentes.
La discusión sobre una Ley de Capitalidad, por tanto, no debería limitarse a cuánto dinero recibirá la Municipalidad. El verdadero debate debería ser qué modelo de capital quiere construir el Paraguay para las próximas décadas y cómo financiarlo.
El desafío es mucho mayor: establecer una política de Estado para la capital, con recursos estables, planificación metropolitana, coordinación institucional y proyectos que respondan a una visión de ciudad.
Asunción tiene una condición que ninguna otra ciudad paraguaya posee. Es la capital, sede del poder político, centro institucional y punto de llegada de miles de personas todos los días.
Para Glavinich, reconocer económicamente esa realidad mediante una Ley de Capitalidad podría ser el primer paso para dejar atrás una capital que simplemente sobrevive a sus problemas y comenzar a construir la Asunción moderna, atractiva y competitiva que Paraguay necesita y que la región también pueda mirar como referencia.












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