El escenario político venezolano ha dado un nuevo vuelco tras las recientes declaraciones del presidente de los Estados Unidos, Donald Trump. En una entrevista telefónica concedida a la revista The Atlantic este domingo, el mandatario envió una advertencia directa y personal a la presidenta interina de Venezuela, Delcy Rodríguez, asegurando que su destino podría ser incluso más severo que el de Nicolás Maduro si no se alinea con los intereses de la Casa Blanca.
“Si ella no hace lo que es correcto, va a pagar un precio muy alto, probablemente más alto que el de Maduro”, sentenció Trump. Estas palabras resuenan con especial fuerza considerando que Maduro se encuentra actualmente bajo custodia en Nueva York, tras una espectacular y controvertida operación militar y policial ejecutada por fuerzas estadounidenses que terminó con su captura.
UN GIRO DE 24 HORAS
El tono empleado por Trump este domingo contrasta radicalmente con la postura conciliadora que mostró apenas el sábado durante una rueda de prensa. En aquel momento, el presidente había señalado a Rodríguez como la “interlocutora válida” para liderar un proceso de transición, argumentando que, ante la ausencia de Maduro, ella representaba la sucesión legítima del poder.
En esa instancia, Trump se mostró optimista sobre la disposición de Rodríguez: “Ella está esencialmente dispuesta a hacer lo que creemos que es necesario para hacer Venezuela grande de nuevo”, afirmó, al tiempo que confirmaba que Washington asumiría las riendas del gobierno en Caracas durante el tiempo que fuera necesario para estabilizar la nación.
EL FANTASMA DE IRAK Y LA RECONSTRUCCIÓN
Durante la entrevista, Trump también abordó las críticas que comparan la intervención en Venezuela con la invasión de Irak en 2003. El mandatario fue tajante al desvincularse del legado de George W. Bush: “Yo no fui responsable de Irak. Eso fue Bush. Nunca debimos haber entrado allí; fue el comienzo del desastre en Oriente Medio”.
Para Trump, el caso venezolano es sustancialmente distinto. Defendió la necesidad de un «cambio de régimen» —término que usó sin ambages— y calificó la situación actual del país caribeño como un «desastre en todos los aspectos». “Reconstruir allí es mejor que lo que tenemos ahora, no podía ser peor”, insistió, justificando la presencia estadounidense como una medida humanitaria y geopolítica necesaria.
Mientras el presidente lanzaba advertencias, su secretario de Estado, Marco Rubio, adoptaba un matiz ligeramente más diplomático. Rubio describió a Rodríguez como «alguien con quien se puede trabajar», marcando una clara diferencia con el depuesto Maduro, de quien dijo que solía romper sistemáticamente todos los acuerdos alcanzados con Washington.
Sin embargo, la respuesta desde Caracas no se ha hecho esperar. Horas después de la captura de Maduro, Delcy Rodríguez reaccionó con vehemencia, calificando la acción estadounidense como un “secuestro ilegal e ilegítimo”. En un mensaje que parece cerrar la puerta a una transición pacífica bajo la tutela de EE. UU., la funcionaria defendió la soberanía nacional asegurando que Venezuela “no va a ser colonia de nadie”.
El futuro de la relación entre Washington y el gobierno interino pende ahora de un hilo, mientras la comunidad internacional observa con cautela los próximos pasos de una administración Trump que parece decidida a ejercer una tutela total sobre la reconstrucción venezolana.













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