No es la mano de Dios… ¡es la mano de Suárez!”. La frase quedó inmortalizada en uno de los partidos más dramáticos de los Mundiales. Aquella noche en Sudáfrica 2010, Uruguay y Ghana protagonizaron un duelo cargado de tensión, polémica y emoción hasta el último segundo.
Cuando el partido agonizaba en el tiempo suplementario, la selección africana estuvo a centímetros de hacer historia. En la última jugada, Luis Suárez evitó el gol con una acción desesperada: primero bloqueó con la rodilla y luego, ya sobre la línea, utilizó ambas manos para sacar la pelota como si fuera un arquero de vóley. El árbitro no dudó: expulsión y penal para Ghana.
Todo parecía servido para el triunfo africano. Asamoah Gyan, figura de su equipo y goleador del torneo, tomó la responsabilidad desde los doce pasos. Sin embargo, el delantero estrelló el balón contra el travesaño y el sueño ghanés quedó suspendido en el aire. Años después, recordó ese momento con incredulidad, “El día anterior había pateado 20 penales en el entrenamiento y marqué los 20”.
La definición se trasladó a los penales y allí apareció otro capítulo inolvidable. Sebastián “Loco” Abreu tomó el último disparo con una tranquilidad imposible de explicar y picó la pelota para sellar la clasificación uruguaya a semifinales después de 40 años.
Ahora, el destino vuelve a cruzar a ambos equipos. Uruguay y Ghana se reencontrarán el viernes 2 de diciembre en la última fecha de la fase de grupos, en un partido que inevitablemente revive aquella herida abierta en Sudáfrica y una de las escenas más recordadas en la historia de los Mundiales.
