La sentencia cayó con el peso de una losa imborrable sobre la entidad luqueña, golpeada por una campaña paupérrima en la Primera C donde finalizó de manera indiscutida como el peor equipo del campeonato. Con un registro de apenas 8 puntos sumados en 20 compromisos disputados, las Águilas dilapidaron hasta la última sombra de dignidad deportiva en el campo de juego, sellando una sanción que las borra del mapa competitivo al menos por la próxima temporada.
De la gloria en la Copa Sudamericana al abismo absoluto en apenas seis años
El contraste de la realidad de General Díaz resulta sencillamente insólito y doloroso para los amantes del deporte. Tan solo una década atrás, la institución escribía noches doradas al clasificar y competir internacionalmente en las ediciones 2014 y 2018 de la Copa Sudamericana, plantando cara a gigantes del continente tras sostenerse durante ocho temporadas consecutivas entre los grandes de la división de honor.
Sin embargo, el nefasto descenso sufrido en la fatídica temporada 2020 marcó el inicio de una caída libre ininterrumpida que ninguna directiva logró frenar. La pérdida de categoría desembocó en un espiral de descalabro financiero, desorden administrativo y sequía futbolística que culminó con el castigo más humillante que contempla el reglamento de la casa matriz. Las Águilas pierden sus alas y obligan a su gente a iniciar un calvario de reconstrucción desde las cenizas para intentar resurgir en el futuro.














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