¿Provocación criminal o show descontrolado? El baile de Romeo Benítez desata una batalla campal, golpiza y lluvia de proyectiles en el superclásico

El triunfo de Olimpia en la Nueva Olla cruzó los límites de la violencia y la cordura en un cierre de partido bochornoso. Pese a no mostrar un nivel arrollador, el Decano tiró de efectividad pura para quedarse con el superclásico del fútbol paraguayo por 2-0. Sin embargo, la verdadera bomba explotó tras el segundo tanto del compromiso, una obra de arte firmada por Romeo Benítez que terminó derivando en un caos absoluto dentro y fuera del campo de juego.

¿Provocación criminal o show descontrolado? El baile de Romeo Benítez desata una batalla campal, golpiza y lluvia de proyectiles en el superclásico

Consumado su golazo con un bombazo inalcanzable para sentenciar el pleito, el extremo franjeado corrió hacia la zona del banderín de córner y ejecutó un baile festivo que fue tomado como una afrenta directa por la golpeada parcialidad azulgrana. La celebración encendió la furia de los futbolistas de Cerro Porteño en un ambiente que ya venía al rojo vivo, desencadenando una reacción inmediata y desmedida.

Piñas, batalla entre planteles y una lluvia de proyectiles sobre la cancha

El primero en cruzar la línea fue César Bobadilla, quien fue directamente a buscar a Romeo Benítez y le propinó una golpiza en medio del tumulto, prendiendo la mecha para una batahola de todos contra todos. La tensión se trasladó al instante a los sectores de la platea y preferencia, donde la hinchada del Ciclón perdió completamente el control ante el festejo rival y la gresca desatada en el césped.

Desde las gradas comenzó a volar todo tipo de objetos contra la delegación olimpista: desde botellas y chipas hasta sillas arrancadas de la estructura del estadio. El campo de juego se transformó en una verdadera zona de combate, sellando otro capítulo oscuro en la historia de los clásicos del fútbol paraguayo donde el espectáculo deportivo quedó sepultado bajo el descontrol, las agresiones físicas y la barbarie en las tribunas.

Salir de la versión móvil