El 17 de julio, el Rose Bowl de Los Ángeles fue escenario de una final histórica ante cerca de 95.000 espectadores. Por primera y única vez en una Copa del Mundo, el partido decisivo terminó sin goles ni en los 90 minutos reglamentarios ni en la prórroga. La definición llegó desde el punto penal, donde Brasil se impuso por 3-2 y puso fin a una espera de dos décadas para volver a levantar la Copa del Mundo, conquistando así su cuarto título.

Romário fue la gran estrella del torneo. Con cinco goles y dos asistencias, lideró a la selección brasileña y, junto con Bebeto, conformó una de las duplas ofensivas más recordadas de los mundiales. Entre ambos anotaron ocho de los once goles que marcó Brasil en la competición.

Del lado italiano, Roberto Baggio considerado entonces uno de los mejores futbolistas del planeta quedó marcado por el penal que envió por encima del travesaño en la tanda decisiva. Fue uno de los tres jugadores italianos que fallaron su remate. Aquella noche demostró que incluso las mayores figuras pueden tener un momento desafortunado.















Dejá tu comentario