Tras el pitazo final en Buenos Aires, Alfaro fue contundente sobre el significado de este triunfo: «Sentíamos la necesidad de rectificarnos en el torneo internacional. Lo hicimos bien y nos terminamos llevando un buen resultado». Sus palabras reflejan la madurez de un plantel que supo «cambiar el chip» apenas días después de haber tocado el cielo con las manos en el campeonato local.
Dominio absoluto en las estadísticas
Más allá de sus declaraciones, los números de Alfaro en el estadio Florencio Sola hablan por sí solos y justifican los elogios de la afición franjeada. El mediocampista fue el termómetro del juego, liderando varios apartados estadísticos que fueron clave para la victoria:
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1º en duelos ganados: Se impuso en 8 de 13 disputas, demostrando su fortaleza en un partido «picante».
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1º en remates: A pesar de su posición, fue el que más veces buscó el arco rival con 4 disparos.
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Efectividad en pases: Completó 54 de 58 pases intentados, siendo el eje de la circulación de balón que tanto destacó su entrenador.
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Temple bajo presión: Fue el jugador que más faltas recibió (3), manteniendo siempre la calma ante la fricción propuesta por el equipo argentino.
Saber jugar bajo presión
El trámite no fue sencillo. Barracas Central apostó por un juego físico y por momentos excesivamente brusco que buscaba sacar de foco al conjunto paraguayo. Sin embargo, Alfaro destacó la capacidad de adaptación del grupo: «Lo que propone el rival, nosotros nos vamos adaptando. Creo que lo supimos jugar; en un momento se picó de más, pero lo supimos llevar a cabo».
Con este nivel superlativo, Juan Fernando Alfaro se consolida como el «todo terreno» de Pablo Sánchez. No necesitó de luces ni de estridencias, sino de una lectura quirúrgica del juego para asegurar que el orgullo del fútbol paraguayo regrese a casa con los tres puntos y la ilusión renovada en la CONMEBOL Sudamericana.














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