El ambiente previo al silbatazo inicial roza la ebullición absoluta por la enorme cantidad de bajas de peso que sacuden al vestuario conducido por Rodolfo Arruabarrena. La baja confirmada de su gran referente y capitán Leandro Paredes, marginado por un desgarro sufrido ante Instituto de Córdoba, encendió las alarmas en la afición auriazul. A esta ausencia se le suman la delicada lesión del juvenil Tomás Aranda y el estallido físico de Alan Velasco, obligando al DT a improvisar en la zona de creación con los chilenos Carlos Palacios o Williams Alarcón.
Cuentas pendientes, morbo por figuras cruzadas y la desesperación de Río de Janeiro
Más allá de la batalla en el campo de juego, el enfrentamiento está sazonado por un entramado de morbo y rivalidad de mercado. La ausencia del delantero Facundo Colidio —formado en el predio xeneize y con pasado festejado en River Plate— generó controversia al quedar inhabilitado por temas de lista de buena fe. A esto se le suma la presencia desafiante del colombiano Marino Hinestroza, un viejo anhelo de la dirigencia argentina que terminó plantando a Boca para marcharse a Río de Janeiro, junto al codiciado Alan Lescano y los argentinos Santiago Sosa y Claudio Spinelli.
En la vereda de enfrente, el panorama de Vasco da Gama bajo las órdenes de Pedro Emanuel roza la desesperación total. Hundido en la decimocuarta posición del Brasileirao y al borde de la zona del descenso tras igualar ante Remo, la escuadra visitante apuesta todas sus fichas a la Copa Sudamericana para maquillar su crisis y rememorar sus épocas de gloria continental. Sin embargo, Boca confía en el poderío ofensivo comandado por Sebastián Villa, Leonel Flores y Miguel Merentiel para asestar un golpe demoledor en el primer capitulo de la serie.














Dejá tu comentario