Cuenca aterrizó en la institución gallega en el último periodo de pases con la promesa de sumar rodaje en la máxima categoría, pero terminó confinado a la plantilla del Celta Fortuna, la escuadra filial que compite en divisiones de ascenso. Si bien el jugador acumuló ocho presentaciones y una asistencia en la filial —mostrando una evolución física notable que obligó al cuerpo técnico a mirarlo con otros ojos—, su suplencia prolongada en el plantel principal desató cuestionamientos sobre la gestión de su talento en territorio europeo.
Una vitrina de máxima exigencia para demostrar si la Primera División le queda corta
El compromiso de la Copa del Rey se presenta como un examen a todo o nada para el atacante guaraní. En una competencia caracterizada por la eliminación directa y la alta presión sobre los equipos de la liga estelar, el estratega del Celta busca calibrar si la plenitud física y la confianza que el extremo demostró a nivel selección nacional se traducen en soluciones reales para el ataque del equipo mayor.
Con la mira puesta en el silbatazo inicial frente al Salamanca, la presencia de Cuenca coloca una lupa directa sobre la dirigencia y el cuerpo técnico español. Para la joya albirroja, saltar al terreno de juego significará la oportunidad de acallar las dudas de la prensa local y exigir, a fuerza de rendimiento, el lugar definitivo que fue a buscar en la elite del fútbol europeo.
