El presidente de la Alianza Evangélica Latina (AEL), Juan Cruz Cellammare, recordó que la Asociación de Iglesias Evangélicas del Paraguay (ASIEP) y la Asociación de Pastores Evangélicos del Paraguay (APEP) siempre han cuidado su relacionamiento con el poder político. A sus socios y miembros se les ha insistido, una y otra vez, en que los púlpitos no se usan para hacer proselitismo. La ASIEP y la APEP nunca han salido a apoyar a ningún candidato ni a ningún partido. Esa decisión queda a criterio de cada creyente. Lo que sí hacemos es orientar a nuestra gente a conocer las propuestas, a votar con conciencia y a participar como ciudadanos responsables.
Nuestro relacionamiento con las autoridades es institucional: gira en torno a las necesidades del pueblo, el respeto a la institucionalidad y el reconocimiento de quienes ejercen la autoridad, como enseña la Palabra. Que una autoridad asista a una reunión de oración, o que trabajemos juntos en programas puntuales de alcance nacional, no significa que exista un alineamiento político. Puede haber cooperación en favor de la gente, pero cooperar no es apoyar a un gobierno ni a un partido. Son cosas distintas.
El Congreso de la Nación declaró el último domingo de octubre como Día Nacional de la Iglesia Evangélica, y lo recibimos con humildad y gratitud. Pero ese reconocimiento no significa un alineamiento político: honra más de un siglo de servicio al pueblo paraguayo, no a un gobierno ni a un partido.
El aporte de la iglesia al Paraguay
Durante más de un siglo, la iglesia evangélica ha estado presente donde el pueblo más la necesita. Comedores para niños, centros de rehabilitación para personas con adicciones, acompañamiento a familias en crisis, colegios, trabajo con jóvenes, capellanías en hospitales y penitenciarías, y ayuda solidaria en cada emergencia que golpeó al país. Todo eso se sostiene con el esfuerzo y las ofrendas de los creyentes, y con el trabajo voluntario de miles de pastores, misioneros y familias.
En algunos temas trabajamos junto a los entes del Estado, porque las necesidades de la gente lo requieren: la protección de la niñez, la prevención de adicciones, la asistencia en emergencias o la atención a sectores vulnerables. La iglesia pone su red, su gente y su presencia en cada rincón del país. Pero lo hacemos sin recibir apoyo económico del gobierno. No dependemos del Estado para servir, y precisamente eso nos permite mantener una voz libre e independiente.
La iglesia ora por todas las autoridades, sin importar su color político, porque así lo manda la Escritura (1 Timoteo 2:1-2). Orar por alguien no es avalarlo. Y cuando una autoridad falla, la iglesia no la defiende ni la condena: pide que la Justicia actúe con verdad y acompaña a las familias que sufren.
Lo que vivió el Paraguay en estos días es, para millones de creyentes, una respuesta a la oración: un país que pidió justicia y vio a sus instituciones actuar. Y deja una lección que vale para todos los que ejercen poder, dentro y fuera de la iglesia: el nombre de Dios no se usa en vano, ni como bandera política ni como escudo.
La iglesia seguirá orando por el Paraguay, sirviendo al pueblo y manteniendo su voz independiente. Esa es nuestra mejor contribución a la nación.














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