La conversación resaltó una realidad inquietante: incluso personas que asisten a iglesias cristianas suelen recurrir, por ignorancia o desesperación, a hechiceros y “macumberos”. «Están en un error», afirmó la pastora Juanita, explicando que estas prácticas no ofrecen seguridad ni bienestar real, sino que a menudo resultan en tragedias —como la muerte de niños por remedios empíricos— y, sobre todo, en «ataduras» espirituales.
Según la pastora, acudir a estos lugares sumerge a las personas en un círculo de engaño. «El señor de ellos es el que te conduce al engaño; te da una solución momentánea para luego traerte un mayor tormento», advirtió.
UN TESTIMONIO DESDE LA OSCURIDAD DE CATEURA
La Pastora Juanita compartió su propio testimonio como prueba de que ninguna situación es demasiado oscura para la luz de Dios. Criada en la zona de Cateura y sumergida desde niña en el mundo de la hechicería y el abuso, llegó a un punto de desesperación tal que contempló el suicidio y el de su propia hija.
«Mi vida pertenecía a la oscuridad, a los brujos que me daban de tomar cualquier cosa. Eso me ataba más a la miseria, a la pobreza y a una vida sin esperanza», relató conmovida.
Su vida cambió radicalmente el día que, en un grito de auxilio, decidió probar si Jesús era real. Describió ese encuentro no como un evento religioso, sino como un «abrazo de paz» que arrancó el peso del pecado y la tristeza de su corazón. «Jesús no es una religión, es alguien que nos amó y dio su vida por nosotros», enfatizó.
LA SOLUCIÓN ESPIRITUAL: RENDIRSE A JESÚS
Para la Pastora Juanita, la solución no reside en rituales ni en hombres, sino en la entrega total a Jesucristo. Ella insta a la audiencia a usar el sentido común y la fe para romper con las maldiciones de la escasez y la enfermedad que a menudo acarrea el ocultismo.
«No importa si hace veinte años te vas a la iglesia; lo que importa es que cada día puedas clamar al Señor», coincidieron en el programa. La invitación final fue clara para todo aquel que se siente atrapado o sin salida: abrir el corazón a Jesús, quien «vino para romper las prisiones y sacar a la familia paraguaya del cautiverio».














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