Las iraníes Marziyeh Amirizadeh y Maryam Rostampour protagonizaron una historia de fe y valentía que recorrió el mundo. Durante años, distribuyeron miles de Biblias en distintas zonas de Irán y formaron comunidades cristianas en la clandestinidad, en un contexto donde este tipo de prácticas puede traer graves consecuencias.
En 2009, ambas fueron detenidas y trasladadas a la temida Prisión de Evin, conocida por las duras condiciones para los reclusos. Allí enfrentaron interrogatorios constantes y una fuerte presión para que renunciaran a su fe. En uno de esos momentos, cuando le preguntaron por su liderazgo espiritual, Marziyeh respondió con firmeza que su pastor era Jesucristo, manteniéndose fiel a sus convicciones.
Tras pasar 259 días en prisión, finalmente fueron liberadas en medio de una creciente presión internacional, con gestiones en las que intervinieron autoridades de Estados Unidos y el Vaticano. Sin embargo, su paso por la cárcel también dejó marcas dolorosas: una de sus compañeras, Shirin Alam Hooli, fue ejecutada tiempo después.
Hoy, pese a las restricciones, el cristianismo sigue creciendo en Irán, impulsado por personas que, como ellas, deciden sostener su fe incluso en escenarios adversos. Su historia se convirtió en un símbolo de perseverancia y convicción en medio de la dificultad.














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