La relación entre las comunidades indígenas y los colonos menonitas tiene décadas de historia. Según explicó Franz, los inicios estuvieron marcados por un fuerte carácter misionero y evangelizador, liderado principalmente por pioneros de la colonia Fernheim. En aquel entonces, se trataba de una atención a pocas familias bajo un esquema de asistencia vertical.

Hoy, la realidad es drásticamente distinta. El Chaco Central alberga a más de 60.000 personas de diversas etnias, y la ASCIM ha evolucionado hacia un modelo de «cooperación asociativa». Este sistema integra actualmente a 18 comunidades indígenas no como beneficiarios pasivos, sino como socios estratégicos que asumen derechos y obligaciones.
«El objetivo es buscar una vida intercultural armónica», subrayó Franz, destacando que el respeto a la cultura propia es el eje que atraviesa hoy todos los servicios de salud, educación y asesoramiento técnico.
ECONOMÍA Y AUTOGESTIÓN: EL DESAFÍO DEL CLIMA
Uno de los pilares más robustos de la ASCIM es la asistencia para la autogestión económica. Sin embargo, este camino no está exento de obstáculos. Franz reconoció que la agricultura familiar y comunitaria ha perdido peso en los ingresos directos debido a la volatilidad climática y las dificultades del mercado.
Pese a ello, destacó dos proyectos que están marcando la diferencia:
Programa Pro-Finca 5F: Un modelo de producción ganadera que ya beneficia a unas 400 familias (divididas en grupos de trabajo de cinco integrantes). Este programa permite a las familias indígenas integrarse a la cadena productiva pecuaria con estándares competitivos.
Diversificación de cultivos: Franz destacó que la última zafra de poroto fue muy positiva en términos de volumen y área de cultivo. No obstante, advirtió sobre el «desafío de producir lo que el mercado necesita», señalando que el consumo de este rubro aún es limitado a nivel nacional.
UN MODELO DE IMPACTO REAL: 5.000 FAMILIAS-20.000 PERSONAS
Actualmente, la ASCIM extiende su cobertura a unas 5.000 familias, lo que representa aproximadamente 20.000 personas. Aunque el acceso a los servicios varía según el nivel de desarrollo de cada comunidad —algunas están en etapas iniciales con almacenes de consumo o estancias comunitarias, mientras otras ya cuentan con proyectos ganaderos avanzados—, el enfoque sigue siendo la formalización del trabajo.
Más allá de las cifras y los proyectos agrícolas, el Director de la ASCIM hizo hincapié en la necesidad de un cambio cultural en todo el país. Lamentó que, a menudo, desde otros sectores de la sociedad se siga tratando a los indígenas como ciudadanos de una categoría distinta.
«Lo que más urge es que se los tome como un grupo de personas de igual valor que cualquier otro grupo cultural. Tienen sus costumbres, pero son paraguayos como cualquiera. Queremos que el respeto mutuo se instale en la mente de todos los paraguayos», concluyó Franz.
La jornada de ayer cerró con festejos deportivos y encuentros culturales en diversas aldeas del Chaco, celebrando no solo una fecha en el calendario, sino la vigencia de un modelo de convivencia que, según los expertos, es único en la región latinoamericana.














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