El caso más sorprendente involucra a un paciente de 54 años con un cuadro neurológico severo tras un accidente en motocicleta. El hombre, quien vive con traqueostomía y se alimenta vía gastrostomía (sonda directa al estómago), acudió para un cambio rutinario de su cánula de respiración después de un año de uso.
Sin embargo, una radiografía de control reveló algo inesperado: un anillo impactado en el bronquio fuente izquierdo. «La gran incógnita es cómo llegó ahí, ya que el paciente no ingiere nada por la boca y el anillo no cabe por el orificio de la traqueostomía», explicó Morínigo.
El médico señaló que, afortunadamente, la joya era de oro puro. De haber sido de un metal de menor calidad, la corrosión habría destruido el tejido bronquial, convirtiendo la extracción en una «batalla campal». El objeto fue retirado exitosamente mediante una broncoscopia rígida.
LA SEMILLA DE INGÁ Y EL PELIGRO DE CORRER MIENTRAS SE COME
Morínigo también relató el caso de un niño de 12 años que aspiró una semilla de ingá. El menor se encontraba corriendo mientras consumía la fruta, cuya semilla es sumamente resbaladiza. Tras un salto y una inspiración profunda, la semilla viajó directamente al pulmón derecho.
El niño ocultó el incidente por temor, pero una semana después comenzó con cuadros de tos y una supuesta neumonía. Una tomografía reveló la obstrucción, y el equipo médico debió extraer la semilla ya fracturada en dos partes. «Cuando uno corre y tiene la boca llena, la vía respiratoria se abre al máximo para captar aire, permitiendo que lo que está en la boca ingrese a la laringe y pase directamente a la tráquea», advirtió el profesional.
EL REFLUJO: UN ENEMIGO SILENCIOSO DE LOS PULMONES
Finalmente, el especialista alertó sobre las consecuencias del reflujo gastroesofágico en el aparato respiratorio. Explicó que la acidez del jugo gástrico, diseñada para deshacer alimentos, «quema» literalmente el esófago y, en casos graves, puede aspirarse hacia los pulmones.
Esta condición puede manifestarse como una tos crónica, confundirse con asma bronquial o, en el peor de los casos, derivar en una fibrosis pulmonar, ya que el ácido inflama y destruye el delicado tejido de los alvéolos.














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