En conversación con el equipo de RCC Radio, el presidente de Azora Paraguay, Gustavo Espínola, expresó el profundo valor de este reconocimiento institucional para una iniciativa nacida de la pasión y el esfuerzo familiar. Según explicó, la travesía comenzó formalmente hace casi dos décadas con el objetivo de devolver la libertad a ejemplares que permanecían en situación de cautiverio.

«Es un proyecto que se creó hace 18 años. Empezamos liberando diez guacamayos hace 14 años. Hoy día estamos monitoreando más de 150 guacamayos en toda la zona urbana y contamos con 25 nidos naturales que van a ir reproduciendo y repoblando cada vez más el departamento Central», detalló Espínola.
UN FENÓMENO DE IMPACTO INTERNACIONAL
El trabajo de Azora traspasó las fronteras nacionales tras su reciente participación en el Congreso Mundial de Guacamayos celebrado en Tenerife (España), evento de periodicidad cuatrienal que reunió a más de 1.000 expertos provenientes de 60 países. En dicho foro, la experiencia paraguaya generó notable asombro entre la comunidad científica global, al tratarse de un modelo de reintroducción urbana único en su tipo.
Espínola aclaró un aspecto histórico fundamental respecto a las tres especies de guacamayos con las que trabajan (azul, rojo y amarillo): «No es que nosotros estamos introduciendo especies ajenas; al contrario, es totalmente natural.

Hace 200 años estas aves volaban libres en Asunción y se extinguieron localmente por la falta de manejo, protección y conservación. Lo que estamos logrando es devolverles su hábitat ancestral».
El proceso técnico implica un extenso periodo de adaptación. Las aves que son donadas por sus antiguos dueños atraviesan un riguroso programa de rehabilitación de tres años antes de su liberación definitiva. Actualmente, las bandadas realizan desplazamientos diarios de hasta 30 kilómetros, abarcando una vasta extensión del Departamento Central.
EDUCACIÓN AMBIENTAL: CREAR «GUARDIANES» DESDE LA INFANCIA
Uno de los principales retos del proyecto ha sido superar la barrera cultural de la caza o la agresión hacia la fauna silvestre en las ciudades. Para afrontar este desafío, la organización concentra sus esfuerzos en programas de educación ambiental dirigidos a instituciones educativas.
A través de talleres teórico-prácticos, los estudiantes no solo conocen la trayectoria del proyecto, sino que presencian el proceso de preparación previo a la liberación. Al finalizar la instrucción, los niños son nombrados «guardianes de los guacamayos», convirtiéndose en agentes de cambio y protección dentro de sus comunidades.
Para Espínola, estas aves cumplen un rol ecológico estratégico: «El guacamayo es simplemente una bandera de la protección de nuestro medio ambiente. Cuidar al guacamayo implica cuidar los árboles, los recursos hídricos y construir ciudades más amigables con la naturaleza».
LA META PENDIENTE: EL PRIMER PARQUE DE LAS AVES DE PARAGUAY
Pese a los avances, desde Azora señalan la necesidad de dotar al país de un espacio de conservación a gran escala. Espínola lamentó que Paraguay continúe siendo uno de los pocos países de la región sin un parque temático o santuario enfocado exclusivamente en las aves, a diferencia de experiencias consolidadas en países vecinos como el Parque das Aves en Brasil, Mbopicuá en Uruguay o Temaikèn en Argentina.
Desde la asociación remarcan que continuarán gestionando apoyos para hacer realidad un Parque de las Aves que sirva como aula abierta y centro de referencia educativa para estudiantes de todo el territorio nacional.
Las familias e instituciones interesadas en formar parte de las jornadas y talleres ambientales pueden coordinar sus visitas a través de los canales de contacto de Azora Paraguay.














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