Los números son elocuentes. En 2025, el país registra una tasa de natalidad de apenas 15 nacimientos por cada 1.000 habitantes, con un promedio de 288 bebés nacidos por día. Algunas décadas atrás la Tasa Global de Fecundidad ronda los 2 hijos por mujer, un nivel históricamente bajo que apenas garantiza el reemplazo generacional.
Durante décadas, Paraguay se caracterizó por una población joven y dinámica. Las familias numerosas eran parte del paisaje social y cultural del país. Hoy, ese modelo comienza a desdibujarse. Las mujeres postergan la maternidad por razones comprensibles: buscan concluir sus estudios, insertarse laboralmente y alcanzar cierta estabilidad económica antes de formar una familia.
El problema no es que las mujeres decidan libremente cuándo ser madres. El problema es que muchas quisieran tener hijos y no encuentran las condiciones adecuadas para hacerlo.
Salarios insuficientes, empleos precarios, viviendas inaccesibles, guarderías escasas y un costo de vida creciente convierten la maternidad en una decisión cada vez más difícil. En ese contexto, la baja natalidad no es simplemente una estadística: es el reflejo de una sociedad que no está ofreciendo seguridad ni esperanza a sus jóvenes.
Paraguay aún disfruta del llamado bono demográfico, con una amplia proporción de personas en edad de trabajar. Sin embargo, esa ventaja no será permanente. Si las tendencias actuales continúan, la fecundidad podría descender a 1,72 hijos por mujer hacia 2050, lo que implicaría una población más envejecida y mayores desafíos para sostener el sistema previsional, la salud pública y el crecimiento económico.
El debate sobre la natalidad no debe reducirse a cifras ni a discursos moralistas. Requiere políticas concretas que permitan a las familias desarrollarse con dignidad: empleo formal, acceso a vivienda, apoyo a la maternidad y protección integral a la niñez.
En este 15 de mayo, cuando celebramos a las madres paraguayas, corresponde también preguntarnos si el país está creando las condiciones necesarias para que nuevas generaciones puedan nacer y crecer.
Porque honrar a la madre paraguaya no consiste solo en regalar flores. También implica construir un Paraguay donde formar una familia no sea una carga, sino una esperanza.














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