Lo que hace única a esta experiencia es la mezcla de tecnología y creatividad. El proyecto cuenta con cuatro equipos de incubación: dos de alta precisión y otros dos fabricados artesanalmente por los propios internos. Esta capacidad de autogestión demuestra que la reinserción no solo requiere recursos, sino voluntad e ingenio.
Con ciclos de 22 días, la granja proyecta una producción anual superior a las 1.750 aves. El proceso es meticuloso. Diversificación: Crían gallinas ponedoras, pollos parrilleros, codornices y patos. Bienestar: Tras la eclosión, los pollitos pasan a unidades de crianza inicial y luego a galpones con pastoreo controlado. Disciplina: La administración organizada de los recursos fomenta hábitos de responsabilidad que el sistema tradicional difícilmente logra inculcar.
MÁS QUE PRODUCCIÓN, UNA NUEVA IDENTIDAD
Bajo la dirección de Hermes Servín y la supervisión de Gustavo Argaña, este modelo trasciende lo económico. Al adquirir competencias técnicas reales, los participantes reconstruyen su dignidad a través del trabajo. La Granja Itá Pora demuestra que, cuando se brinda una herramienta efectiva y un entorno de confianza, la transición a la sociedad deja de ser una utopía para convertirse en un plan de vida tangible.
