De la celda al campo: El renacer laboral en la Granja Itá Porä

En el Establecimiento Penitenciario Granja Itá Pora, en Emboscada, el silencio del encierro ha sido sustituido por el cacareo de 500 aves y el zumbido de incubadoras. Aquí, la avicultura no es solo una tarea diaria; es el puente real hacia una vida en libertad. Cinco personas privadas de libertad (PPL) han dejado de ser espectadores de su condena para convertirse en técnicos avícolas, gestionando un ciclo productivo que desafía las estadísticas de reincidencia.

De la celda al campo: El renacer laboral en la Granja Itá Porä

Lo que hace única a esta experiencia es la mezcla de tecnología y creatividad. El proyecto cuenta con cuatro equipos de incubación: dos de alta precisión y otros dos fabricados artesanalmente por los propios internos. Esta capacidad de autogestión demuestra que la reinserción no solo requiere recursos, sino voluntad e ingenio.

Con ciclos de 22 días, la granja proyecta una producción anual superior a las 1.750 aves. El proceso es meticuloso. Diversificación: Crían gallinas ponedoras, pollos parrilleros, codornices y patos. Bienestar: Tras la eclosión, los pollitos pasan a unidades de crianza inicial y luego a galpones con pastoreo controlado. Disciplina: La administración organizada de los recursos fomenta hábitos de responsabilidad que el sistema tradicional difícilmente logra inculcar.

MÁS QUE PRODUCCIÓN, UNA NUEVA IDENTIDAD

Bajo la dirección de Hermes Servín y la supervisión de Gustavo Argaña, este modelo trasciende lo económico. Al adquirir competencias técnicas reales, los participantes reconstruyen su dignidad a través del trabajo. La Granja Itá Pora demuestra que, cuando se brinda una herramienta efectiva y un entorno de confianza, la transición a la sociedad deja de ser una utopía para convertirse en un plan de vida tangible.

 

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