El ministro de Agricultura, Carlos Giménez, presentó cifras contundentes para dimensionar el impacto de esta iniciativa. Según el secretario de Estado, Paraguay registra una fuga de divisas cercana a los 80 millones de dólares anuales debido a la importación de productos que el suelo paraguayo es capaz de producir.
«Esta es una oportunidad histórica para cambiar la realidad de la agricultura familiar. El año pasado tuvimos el verano más terrible en términos climáticos, y aun así demostramos que se puede producir. Si logramos una oferta sostenible y planificada, ese dinero se quedará en los bolsillos de nuestros compatriotas y no fuera del país», enfatizó Giménez.
ROMPIENDO VICIOS HISTÓRICOS Y «PATEANDO OLLAS»
Giménez no ahorró calificativos para describir la resistencia que enfrenta esta política pública. Aseguró que su gestión está «pateando la olla» de sectores que se han beneficiado históricamente del desorden y la falta de vínculo entre el campo y el mercado.
«Hay intereses mediáticos y comerciales que no son los del Gobierno ni los del productor. Queremos romper esa característica histórica de debilidad organizacional y falta de tecnología. Me duele cuando un paraguayo debe rematar su caja de tomates a precios irrisorios porque no tiene la garantía de compra de un mercado formal», sentenció el ministro.
El titular del MAG instó a los productores a no temerle a la tecnología ni a la producción en épocas críticas como el verano, prometiendo que el acompañamiento institucional se enfocará en generar esa confianza mutua necesaria para que el agricultor se anime a invertir con la certeza de una comercialización asegurada.
LA POSTURA DE CAPASU: «SIN EXCUSAS PARA EL CLIENTE»
Desde el sector privado, Gustavo Lezcano, presidente de CAPASU, fue claro al establecer las reglas de juego del supermercadismo. Si bien celebró el acercamiento, subrayó que el éxito de este nexo directo depende de la disciplina del productor en dos ejes innegociables: abastecimiento constante y estándares de calidad.
«Nosotros no podemos dar excusas a nuestros clientes. El consumidor exige calidad los siete días de la semana y a nosotros nos sale caro estar cambiando los carteles de precios constantemente por las fluctuaciones del mercado», explicó Lezcano. El directivo aseguró que los supermercados están listos para abrir sus puertas a todos los rubros —no solo al tomate— siempre que se cumpla con la exigencia del estándar que el público demanda.
HACIA UN «PRECIO JUSTO» Y ESTABLE
Uno de los puntos de mayor coincidencia fue la necesidad de estabilizar el mercado. Se mencionó que un precio en torno a los 8.000 guaraníes por kilo representa un equilibrio saludable donde el productor cubre sus elevados costos de producción y el consumidor accede a un producto de calidad sin especulaciones.
Lezcano concluyó instando a los gerentes comerciales presentes a agilizar los negocios y a los productores a profesionalizar su gestión: «Hablemos, acerquémonos y construyamos algo bueno para el país. Si mantenemos precios justos y una cadena fluida, ganamos todos».














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