Según Paz Castaing, la confrontación actual no puede entenderse sin remontarse a más de 70 años de tensiones en la región. En el caso específico de Irán, recordó que durante el régimen del sha Reza Pahlevi el país mantenía relaciones estrechas con Israel. Sin embargo, esa relación se quebró tras la Revolución Islámica de fines de la década de 1970, que llevó al poder a un régimen teocrático encabezado inicialmente por el ayatolá Jomeini.
Desde entonces, señaló, la hostilidad quedó institucionalizada: la Constitución iraní establece de forma expresa la destrucción del Estado de Israel como uno de sus objetivos, lo que convirtió el conflicto en una cuestión estructural y permanente. “A partir de ahí se explican décadas de ataques, represalias y guerras indirectas que hoy desembocan en un escenario mucho más peligroso”, sostuvo.
UNA ESCALADA INÉDITA Y DE ALTO RIESGO
El analista indicó que la ofensiva militar iniciada el pasado sábado marcó un punto de inflexión, al tratarse de una operación directa y coordinada entre Israel y Estados Unidos. Subrayó que el bombardeo sobre Teherán, que derivó en la muerte del líder supremo iraní Alí Jamenei, fue ejecutado por Israel, con apoyo clave de inteligencia estadounidense.
A su criterio, la respuesta iraní apunta a extender el conflicto más allá de Israel, involucrando a países árabes vecinos como Emiratos Árabes Unidos, Qatar, Bahréin, Jordania, Kuwait y Arabia Saudita. Esta estrategia buscaría presionar indirectamente a Washington, afectando a países que no están en guerra pero sí profundamente integrados al comercio, la inversión y el desarrollo regional.
Paz Castaing advirtió que esta situación genera un fuerte impacto en la seguridad jurídica de la región, incluso para países lejanos como Paraguay, que mantiene acuerdos comerciales y de cooperación con varios Estados del Golfo. “Si estos países se convierten en blanco de misiles, el mensaje para los inversores es extremadamente negativo”, alertó.
LIMITACIONES MILITARES Y GUERRA ASIMÉTRICA
Desde el punto de vista militar, el analista consideró que Irán no está en condiciones de competir de manera directa con Estados Unidos ni con Israel en términos de supremacía tecnológica y bélica. Sin embargo, advirtió que esto no reduce el peligro, sino que lo transforma en un conflicto imprevisible, basado en respuestas indirectas, ataques regionales y alianzas con actores no estatales como Hezbollah y milicias aliadas en Siria y Yemen.
En este contexto, recordó que Estados Unidos enfrenta un escenario políticamente sensible, marcado por el recuerdo de conflictos prolongados como Afganistán, Irak y Vietnam. “Ya se reportan bajas estadounidenses y la sociedad norteamericana es muy reacia a guerras largas y costosas”, explicó.
ISRAEL RECUERDA EL CONFLICTO COMO EXISTENCIAL
Para Paz Castaing, la diferencia central entre Israel y Estados Unidos en este conflicto es el carácter existencial que tiene para el Estado israelí. “Para Israel, esto es una cuestión de vida o muerte. Existe una amenaza explícita en la Constitución iraní que llama a su destrucción, y eso define toda su estrategia”, señaló.
Estados Unidos, en cambio, si bien no enfrenta una amenaza directa a su supervivencia, tiene fuertes intereses estratégicos en juego, particularmente en el ámbito energético. Irán posee una de las mayores reservas de petróleo del mundo y gran parte de su producción se orienta hacia China, el principal rival geopolítico de Washington.
RIESGO ENERGÉTICO Y EFECTOS GLOBALES
Uno de los impactos más inmediatos del conflicto ya se refleja en el mercado energético. Según el analista, el precio del petróleo aumentó más de un 10% en pocos días y podría dispararse aún más si se concreta un cierre total o parcial del Estrecho de Ormuz, por donde circula una parte sustancial del comercio mundial de crudo.
De prolongarse la crisis, advirtió, el comercio internacional será uno de los sectores más golpeados, con efectos directos en los costos de transporte, la inflación y la estabilidad económica de países importadores de energía. En ese escenario, Paraguay y Sudamérica no quedarían al margen, especialmente por el impacto en los precios de los combustibles.
UN DESENLACE INCIERTO
Finalmente, Paz Castaing fue categórico al afirmar que el mundo se encuentra ante un escenario dominado por la incertidumbre. “Estamos jugando con la carta de lo impredecible. Cualquiera que hoy haga pronósticos definitivos está faltando a la verdad”, concluyó, al remarcar que las consecuencias del conflicto aún están lejos de poder medirse con precisión.














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