Cabe recordar que, hasta el 3 de enero, tras la operación estadounidense en Venezuela que terminó con la captura de Nicolás Maduro, el clima era bélico. Las declaraciones de ambos lados habían cruzado líneas rojas:
Desde la Casa Blanca: Trump calificó a Petro de «marioneta del narcotráfico» y «hombre enfermo», sugiriendo que las fuerzas estadounidenses podrían actuar en Colombia para «limpiar» la producción de cocaína. Además, impuso aranceles del 25% a productos colombianos y descertificó al país en la lucha antidrogas.
Desde la Casa de Nariño: Petro respondió llamando a Trump «cerebro senil» y «fascista». Convocó a las Fuerzas Militares y al pueblo a prepararse para defender la soberanía, advirtiendo que «Colombia no es el patio trasero de nadie» y que responderían con la fuerza de un «jaguar» ante cualquier incursión.
EL «DESPUÉS»: EL PRAGMATISMO DEL 7 DE ENERO
El panorama cambió radicalmente este miércoles. Tras una llamada de 30 minutos, el lenguaje se transformó: Trump describió la conversación como un «gran honor» y elogió la disposición de Petro para explicar la compleja realidad del narcotráfico. Petro ha optado por un silencio estratégico mientras su cancillería coordina los detalles de lo que será la cumbre más tensa y esperada de la década en Washington.
Este acercamiento, gestionado por el secretario de Estado Marco Rubio, busca estabilizar la región tras el vacío de poder en Venezuela y evitar que Colombia se convierta en el próximo foco de inestabilidad continental.














Dejá tu comentario