En el año 2016, la Costanera de Asunción era poco más que una imponente cinta de asfalto y cemento bordeada por el refulado de arenas blancas del río Paraguay. El sol golpeaba sin piedad, convirtiendo el lugar en una zona hostil para el esparcimiento durante gran parte del día.
Una década después, la imagen es radicalmente distinta: corredores de lapachos, cedros y curupayes hoy regalan sombra, flores y oxígeno a los miles de ciudadanos que recorren el litoral. Detrás de este cambio está José Alvarenga, ambientalista y principal impulsor de Plantatón, quien hoy reflexiona sobre el camino recorrido y los desafíos de una ciudad que busca ser capital mundial de los árboles.
DE LA «ISLA DE CALOR» AL BOSQUE LINEAL
«Asunción es una ciudad resiliente, pero en verano las temperaturas nos sitúan como uno de los puntos más calientes del planeta», explica Alvarenga. El fenómeno de las islas de calor —producido por la absorción de radiación solar en superficies de cemento y asfalto— ha sido el principal enemigo a batir.
La respuesta técnica de Plantatón ha sido la creación de corredores bioculturales. Estos no son simples hileras de plantas; son sistemas interconectados que unen las mil hectáreas verdes de la capital —desde el Cerro Lambaré hasta el Jardín Botánico—, permitiendo que la biodiversidad fluya y que el microclima urbano se estabilice.
Según Alvarenga, Asunción cuenta con una ventaja competitiva global: «Tenemos más de 400 especies de aves, muchas de ellas migratorias, que encuentran refugio en estos espacios. Eso es único en el mundo».
CIENCIA DETRÁS DE LA SIEMBRA: EL SECRETO DEL 90% DE ÉXITO
Uno de los grandes cuestionamientos a los planes de arborización estatal suele ser la falta de mantenimiento, lo que deriva en árboles secos a los pocos meses. Plantatón ha roto esta inercia con una tasa de supervivencia superior al 90%.
¿Cuál es el secreto? El uso de tecnología y cuidados culturales:
Robustez: No se plantan semillas ni plantines frágiles, sino «plantones» o árboles robustos con mayor capacidad de adaptación.
Hidrogel: Se adiciona este polímero al suelo para retener la humedad en las raíces durante las épocas de sequía.
Nutrición: Cada pozo de siembra es enriquecido con abono orgánico y mezclas de nitrógeno, fósforo y potasio (NPK).
Monitoreo: El servicio incluye el control de especies exóticas invasoras, como la leucaena, que desplazan a los árboles nativos y dañan infraestructuras.
EL DESAFÍO DE LA COSTANERA NORTE
Para esta edición aniversario, el objetivo es ambicioso: 10.000 nuevos árboles para la Costanera Norte, el tramo que conecta General Santos con el nuevo puente Héroes del Chaco. Este sector es particularmente sensible por ser una zona de amortiguamiento de humedales.
«La intervención del hombre generó un impacto que hoy debemos mitigar. Plantar en la costanera no es solo estética; es salud pública», afirma Alvarenga. Al reducir la temperatura y filtrar el aire, estos bosques lineales disminuyen el gasto de los ciudadanos en electricidad (climatización) y reducen las enfermedades respiratorias, impactando positivamente en el bolsillo de la gente.
EL FACTOR SOCIAL: «JUGAR A LAS ESPADAS CON EL FUTURO»
Uno de los relatos más humanos de estos diez años es la lucha por los tutores (las varas de madera que sostienen al árbol joven). Alvarenga relata con una mezcla de humor y preocupación cómo los niños de zonas ribereñas como la Chacarita solían retirar estos tutores para «jugar a las espadas».
«Hicimos un trabajo social casa por casa, hablando con los padres y con la Policía Urbana. Hoy la gente ya no rompe las ramas; el ciudadano se apropió del árbol porque ve los resultados: ya hay sombra, ya hay frutas (como guayabas e ingá) y el paisaje ha cambiado».
HACIA UNA CAPITAL DE VANGUARDIA
Asunción compite con ciudades como Tokio y Madrid en cantidad de arbolado censado, pero Alvarenga está convencido de que la capital paraguaya las supera en densidad real, aunque falte un censo exhaustivo.
El proyecto no se detiene. Ya asoma en el horizonte «Tus Naranjos y Tus Flores», un plan para reintroducir 5.000 cítricos (como el tradicional naranjo agrio o apepu) en las veredas de la ciudad, devolviendo a Asunción ese aroma a azahar que marcó su identidad en décadas pasadas.
«Cuidar la casa común es una responsabilidad compartida entre el sector público y privado», concluye Alvarenga, recordando que el Plantatón se sostiene gracias a la colaboración de empresas y voluntarios, sin representar una carga económica para las arcas municipales.














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