En el marco del día mundial de la prevención del Suicidio, recordamos y rendimos un sentido homenaje a la vida, entrega y legado del Pr. Martín Cellammare, quien partió en un accidente de tránsito al regresar de una intensa semana de actividades de concienciación y prevención en Ciudad del Este.
El pastor Martín fue, ante todo, un pastor apasionado por Dios y por las personas. Su vocación de predicar no se limitó a los púlpitos. Encontró también en las escuelas, colegios y encuentros con jóvenes un lugar donde llevar un mensaje que consideraba urgente: que cada vida tiene valor, que nadie debe atravesar solo el dolor y que siempre existe una razón para seguir adelante.
Durante años, recorrió incansablemente el país llevando charlas de prevención del suicidio, hablando con adolescentes y jóvenes, escuchándolos y animándolos a pedir ayuda cuando atravesaban momentos difíciles. Su misión no se concentraba únicamente en el mes de septiembre ni en las campañas del Lazo Amarillo. Para el pastor Martín, la prevención era una tarea de todos los días, durante los doce meses del año.
Con esa convicción, llegó a más de 400.000 jóvenes en todo el territorio nacional, dejando una huella que va mucho más allá de una cifra. Fueron miles de historias, conversaciones, lágrimas, abrazos y decisiones de vida que estuvieron marcadas por su mensaje.
Su compromiso también alcanzó a cientos de docentes, a quienes capacitó para reconocer señales de alerta y acompañar de manera adecuada a quienes necesitaban ayuda. Asimismo, trabajó estrechamente con numerosas iglesias, convencido de que la prevención debía construirse en comunidad y que nadie debía sentirse solo frente al dolor.
El pastor también supo escuchar aquellas historias que muchas veces permanecían ocultas. Durante sus encuentros, cientos de jóvenes encontraron la confianza necesaria para contar situaciones de abuso sexual a través de cartas y testimonios. Con responsabilidad y valentía, canalizó y denunció numerosos casos, contribuyendo a que esas voces fueran escuchadas y a que varios responsables hoy enfrenten a la justicia.
Pero si algo caracterizó profundamente su ministerio fue su manera de llevar esperanza. El pastor Martín no hablaba solamente de prevención. Hablaba de Dios, de Jesús, del perdón, de la sanidad del corazón y de la posibilidad de comenzar nuevamente. Predicaba con pasión porque creía profundamente en el poder transformador del Evangelio y porque sabía que detrás de cada joven había una vida que podía ser restaurada.
Fue testigo de cómo muchos jóvenes decidieron perdonar, sanar heridas, pedir ayuda y volver a luchar por sus vidas. Allí estaba el verdadero sentido de su misión: llevar un mensaje que pudiera alcanzar el corazón de alguien justo en el momento en que más lo necesitaba.
Su partida dejó tristeza y un vacío enorme entre quienes lo conocieron, lo escucharon y caminaron junto a él. Pero también dejó algo que el tiempo no puede borrar: un legado de vidas que fueron alcanzadas por su mensaje.
En honor a su memoria y en fidelidad a la visión que abrazó con tanta pasión, el programa Salvando Vidas continuará firme con esa misión. Porque la mejor manera de honrar al pastor Martín es seguir haciendo aquello por lo que entregó tantos años de su vida: hablar de prevención, escuchar a los jóvenes, acompañar a quienes sufren y llevar esperanza a cada rincón del país.
En este Día Mundial de la Prevención del Suicidio, queremos recordar que la prevención no comienza ni termina en septiembre. El Lazo Amarillo es un símbolo que nos recuerda una tarea que debe permanecer vigente durante todo el año.
Cada día puede ser una oportunidad para escuchar.
Cada día puede ser una oportunidad para acercarnos.
Cada día puede ser una oportunidad para tender una mano.
Y cada día puede ser una oportunidad para salvar una vida.
El pastor Martín vivió predicando. Vivió sirviendo. Vivió llevando esperanza. Y dedicó sus últimos años a recordarnos que detrás de cada joven hay una vida que merece ser escuchada.
