Ramírez cuestiona el trasfondo de los ataques al programa de Educación de la Afectividad y la Sexualidad

El ministro de Educación y Ciencias, Luis Ramírez, cuestionó este viernes el enfoque de ciertos medios y sectores que impulsan críticas contra el programa Educación de la Afectividad y la Sexualidad en la Escuela (EASE), al advertir que parte de la controversia se construye a partir de contenidos sacados de contexto y de una campaña de descalificación que, según señaló, podría responder a intereses políticos antes que a una discusión pedagógica.

Ramírez cuestiona el trasfondo de los ataques al programa de Educación de la Afectividad y la Sexualidad

Luis Fernando Ramírez, ministro de Educación y Ciencias (MEC).

En declaraciones a RCC, el secretario de Estado aclaró que el material definitivo todavía no está concluido ni fue distribuido. Explicó que los documentos conocidos hasta ahora corresponden a materiales de orientación para padres, elaborados a partir de textos en preparación, mientras el programa atraviesa una etapa de prueba y evaluación pedagógica en cinco departamentos del país.

«¿Cómo uno va a retirar un material que todavía no se ha hecho?», cuestionó Ramírez, en respuesta a los pedidos de retirar los contenidos. Precisó que la etapa actual busca comprobar si las preguntas propuestas son adecuadas, si los docentes comprenden su propósito y si los estudiantes pueden entenderlas y utilizarlas para reflexionar.

El ministro remarcó que el proceso aún no concluyó y que el MEC se encuentra recibiendo observaciones y propuestas para analizarlas antes de avanzar hacia una versión definitiva.

CRÍTICAS LEGÍTIMAS, PERO CUESTIONAMIENTOS QUE BUSCAN DESACREDITAR

Ramírez distinguió entre las objeciones que pueden contribuir a mejorar el programa y los ataques que, a su criterio, exceden el debate educativo. Aseguró que las críticas son legítimas y que el Ministerio está dispuesto a revisar los contenidos cuando existan argumentos que justifiquen modificaciones.

Sin embargo, advirtió sobre el costado más preocupante de la controversia: la utilización de descalificaciones personales, acusaciones graves y expresiones violentas que, en lugar de discutir los materiales, terminan desacreditando a sus responsables y poniendo en cuestión todo el sistema educativo.

El ministro cuestionó particularmente la contradicción de quienes reclaman respeto y protección mientras recurren, según describió, a expresiones de agresión y desprecio contra quienes sostienen una posición diferente.

«¿Podemos pedir paz de manera violenta? ¿Podemos pedir que se respete no respetando?», planteó.

En ese sentido, también rechazó las acusaciones que vinculan los materiales con la promoción de la violencia contra la mujer. Afirmó que no comparte esa interpretación, aunque reiteró que el MEC está abierto a introducir ajustes si las observaciones presentadas demuestran que son necesarios.

El punto central de su cuestionamiento es que una discusión sobre contenidos educativos puede convertirse en una operación de desgaste cuando se reemplaza el análisis de los materiales por ataques personales y pedidos de renuncia. Ramírez sostuvo que, cuando las críticas pasan a exigir la salida del ministro y a descalificar a toda la institución, el debate adquiere una dimensión política que considera perjudicial para la educación.

EL MINISTRO ADVIERTE SOBRE LA UTILIZACIÓN POLÍTICA DE LA EDUCACIÓN

El titular del MEC reconoció que las personas tienen distintas posiciones políticas e ideológicas, pero insistió en que la educación no debería convertirse en un instrumento para promover enfrentamientos ni destruir la reputación de quienes piensan diferente.

También aclaró que no tiene apego al cargo y que su intención no es permanecer indefinidamente en la función pública. Lo expresó al referirse a los pedidos de renuncia que acompañaron las críticas al programa.

Ramírez defendió, además, el trabajo desarrollado durante dos años para elaborar los contenidos y aseguró que el proyecto no surgió de manera improvisada. Según explicó, hubo consultas y reuniones con cientos de padres y docentes, con el objetivo de escuchar sus inquietudes y recoger propuestas.

Su planteamiento no implica que los materiales estén exentos de errores o que deban quedar fuera de cuestionamientos. Por el contrario, el ministro admitió que cualquier propuesta educativa puede contener aspectos que deban corregirse. La diferencia, sostuvo, está en si las objeciones se formulan para mejorar el programa o si se utilizan para desacreditar y generar confrontación.

PADRES ENCUENTRAN UNA OPORTUNIDAD PARA HABLAR CON SUS HIJOS

Al referirse a la recepción del proyecto en las comunidades educativas, Ramírez manifestó que las respuestas recogidas durante los encuentros realizados en distintos puntos del país han sido positivas.

Mencionó las reuniones con padres y organizaciones, incluidas las desarrolladas en Ñeembucú y Canindeyú, y señaló que muchas familias valoran contar con una herramienta que les ayude a conversar con sus hijos sobre afectividad y sexualidad.

Según el ministro, se trata de asuntos que a veces resultan difíciles de abordar en el hogar, ya sea porque los padres no saben cómo iniciar la conversación o porque carecen de recursos para tratar estas cuestiones con sus hijos.

En ese contexto, afirmó que el material puede servir como punto de partida para generar diálogo familiar y fortalecer la participación de los padres en la formación de sus hijos.

Ramírez invitó finalmente a los distintos sectores a continuar participando del proceso y presentar sus propuestas de manera respetuosa.

El desafío para el MEC será demostrar que la apertura anunciada se traduce en una evaluación rigurosa de los contenidos y en respuestas concretas a las inquietudes de las familias. Al mismo tiempo, el debate público necesita distinguir entre las críticas pedagógicas que merecen ser examinadas y las descalificaciones que impiden discutir con seriedad el propósito, el alcance y la orientación del programa.

 

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