Ojeda señaló que las personas con TEA presentan manifestaciones diversas, principalmente en el área de la comunicación —verbal o no verbal—, la interacción social, la conducta, los intereses repetitivos y el procesamiento sensorial. “Se habla de espectro porque cada persona es única. Algunos niños hablan mucho, otros poco y otros no hablan, algunos necesitan muchos apoyos y otros solo ajustes”, explicó.
Uno de los puntos más sensibles abordados fue el impacto del entorno sensorial. La especialista advirtió que ruidos fuertes, luces intensas, olores o determinadas texturas pueden generar un alto nivel de estrés en niños con autismo, como ocurre en épocas festivas con pirotecnia y estruendos. Por ello, insistió en la necesidad de una mayor empatía social.
AUMENTO DE DIAGNÓSTICOS Y DESAFÍOS PARA LAS FAMILIAS
Ojeda indicó que, según datos recientes de la Organización Mundial de la Salud, aproximadamente una de cada 127 personas en el mundo se encuentra dentro del espectro autista, lo que equivale a más de 60 millones de personas a nivel global. Este aumento en los diagnósticos plantea importantes desafíos, especialmente para las familias.
La especialista subrayó que muchas familias reciben el diagnóstico, pero no el acompañamiento necesario. “Un diagnóstico implica muchas cosas y, sin apoyo, genera crisis familiares muy profundas. Incluso hay casos en los que las parejas terminan separándose”, lamentó.
También señaló que, en algunos casos, la condición no es plenamente asumida por todo el entorno familiar, lo que dificulta el trabajo de los docentes y la adaptación del niño en el ámbito escolar. “No se trata de tratarles igual que a los demás, sino de entender que, si la percepción es distinta, la forma de enseñar y acompañar también debe ser diferente”, enfatizó.
EDUCACIÓN INCLUSIVA CON APOYOS REALES
En el ámbito educativo, Ojeda afirmó que la educación debe ser inclusiva por definición, pero aclaró que la inclusión real requiere accesibilidad, ajustes razonables y un diseño universal para el aprendizaje. “Lo importante es que el niño pueda desarrollar las competencias que se esperan, pero con los apoyos necesarios”, explicó.
Respecto al rol de los centros de apoyo a la inclusión, recordó que la política educativa apunta a que los niños con TEA asistan a aulas regulares y complementen su formación con estos centros, donde se trabaja de manera coordinada con la escuela. No obstante, advirtió que los docentes enfrentan una fuerte sobrecarga laboral y que la inclusión sin equipos técnicos ni recursos suficientes se vuelve insostenible.
Finalmente, Ojeda defendió la existencia de escuelas y modalidades de educación especializada para casos más complejos. “No es que la escuela sea especial, sino que la educación es especializada para que la persona pueda desarrollar su máximo potencial y alcanzar autonomía básica en su vida”, concluyó.














Dejá tu comentario